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El gobernador exhibió a un Congreso sometido

Sin proponérselo, el gobernador Jorge Aristóteles Sandoval expuso en toda su dimensión la sumisión ya conocida de los diputados y las diputadas a los poderes fácticos que les prohíben tocar a la figura del titular de la Auditoría Superior del Estado, Alonso Godoy Pelayo, que en teoría les debía rendir cuentas.

Como lo planteé aquí, la LX Legislatura tuvo ayer una sesión clave para saber qué tan dispuestos estaban sus integrantes a cumplir en los siete meses que les restan en las curules, sus promesas de ser los “diputados del cambio” al ser los que romperían con las inercias y la historia de impunidad y corrupción que arrastra el Poder Legislativo de Jalisco desde al menos una década.

Por lo ocurrido, está más que claro que nuevamente todo quedará en buenas intenciones y que será una nueva Legislatura que más que cambiar la historia, pasará a ella con más pena que gloria en el tema de credibilidad y confianza. En ese sentido, nada podrán vender a los ciudadanos, ahora que muchos de ellos hacen maletas en el Congreso para salir a la calle a pedir nuevamente el voto.

Porque pese al momento de incredulidad en la clase política que se reconoce hasta en Los Pinos y que ha provocado priorizar en el debate nacional los temas de la transparencia, la fiscalización y la lucha anticorrupción, aquí nuestros diputados decidieron ayer dejar nuevamente en la congeladora la iniciativa ciudadana para reformar un modelo de revisión del gasto público a todas luces agotado, y que en vez de combatir, solapa y alienta la corrupción. Qué importa que con ello se violen los propios ordenamientos del Congreso. Desprecio a la ley y a los ciudadanos con los que al principio de la Legislatura prometieron diseñar una agenda común.

Como si legislaran en una burbuja, aislados e insensibles a los temas que se discuten entre los que se dicen representar, nuestros legisladores y legisladoras decidieron ayer también ignorar el tema de los escándalos salariales en el pleno, pese a que muchos de ellos por separado, se habían pronunciado ya por la necesidad de legislar para frenar tanta voracidad de funcionarios que se autoadjudican sueldos sin dar explicaciones a nadie. Seguro fue porque el personaje central de este nuevo bochornoso episodio de nuestra vida pública es el titular de la ASEJ, que los tiene en un puño, y al que mostraron así nuevamente su postración.

Lo increíble fue que del tema ni siquiera hablaron los diputados del PRI, cuando ya su jefe político, el gobernador, había no sólo condenado los abusos salariales, sino anunciado que enviaría una reforma constitucional para detenerlos e incluso la desaparición de dependencias en las que sólo se dedican a medrar del erario.

Fue con ese pronunciamiento, con el que el gobernador dejó solos y exhibidos en sus miedos a los diputados. Ahora lo que habrá que ver es si a él no lo exhiben los funcionarios voraces al ignorar su llamado a reconsiderar y bajarse el sueldo ya. Veremos.

 

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jaime.barrera@milenio.com