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La figura del regidor a debate

Una de las tres razones por las que Jalisco sigue siendo campeón en despilfarros municipales es justamente por su número de regidores, factor que contribuye sin duda a la obesidad de las nóminas municipales. Las otras dos causas del gigantismo son el número de edificios y de dependencias.

De acuerdo a los resultados del último Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Delegacionales (CNGMD) 2015, que actualizó en abril de 2016 el INEGI, Jalisco se mantiene como la cuarta entidad con mayor número de ediles en el país.

Con 125 municipios, Jalisco suma 1586 regidores; en primer lugar aparece Oaxaca que, en sus 568 municipios, reúne a 3851; le sigue Puebla con 2347 en 217 municipios; y en tercero está el Estado de México, que con igual número de municipios que Jalisco tiene 1609 ediles.

¿Son necesarios todos esos regidores? ¿Qué aportan y cómo se mide lo que hace cada edil por su municipio?

Esas preguntas nos las hacemos cada que inician las Administraciones municipales desde al menos los últimos tres trienios, sin que hasta ahora se hayan construido indicadores claros para evaluar el desempeño de esta figura que llega al poder municipal en Jalisco simple y sencillamente por ir en una planilla que encabeza el candidato a alcalde.

Lejos de ello, del 2010 a la fecha, Jalisco aumentó en 52 su número de regidores.

Esa realidad fue la que motivó la entrega periodística de mi compañero Víctor Hugo Ornelas sobre el trabajo de los regidores y regidoras de Guadalajara en los primeros siete meses del gobierno que encabeza Enrique Alfaro. La evaluación que publicamos el lunes pasado de los regidores la hizo a partir del único indicador que se registra en la página del Ayuntamiento de Guadalajara, en el apartado de regidores en contacto: el número de iniciativas presentadas en el pleno.

Con una iniciativa cada una, las regidoras del Partido Movimiento Ciudadano, Guadalupe Morfín y María Eugenia Arias, replicaron con razón, en sendas cartas que publicamos en nuestra edición de ayer, que evaluar el trabajo de un edil por sólo las iniciativas presentadas era, por decir lo menos, insuficiente e injusta. Argumentaron que había que tomar en cuenta, entre otras cosas, el trabajo en comisiones y las gestiones de temas diversos. Ninguna de esas dos actividades se contabiliza hasta ahora de manera oficial. Vamos, ni siquiera las intervenciones en las sesiones de Ayuntamiento. Tampoco hay un registro de las encomiendas a los regidores, que para Alfaro también tendrían que contar.

Desde el sector académico, plantean la conveniencia de crear un observatorio edilicio como en su momento se creó un observatorio legislativo para medir la actividad y utilidad de los diputados. En el Legislativo analizan la posibilidad de que los regidores sean votados como ya pasa en Nayarit, lo que los obligaría a una mayor rendición de cuentas e incluso a enfocarse en las necesidades de cierta zona de la ciudad.

Con apertura, las actuales administraciones municipales podrían de una vez por todas hacer algo para optimizar el trabajo de los regidores en beneficio de nuestras ciudades.   

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jaime.barrera@milenio.com