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El encono llega en Uber y en taxi

El ánimo de agresividad y desencuentro que enredó ayer no sólo a comerciantes de la llamada Plaza de la Tecnología del Centro y taxistas en paro, sino también a los líderes de los amarillos y de Uber, así como a corporaciones policiales estatales y municipales, que crispó a la ciudad, debe prender los focos rojos para cerrar el paso a actitudes de intolerancia que pudieran generar situaciones de violencia que todos lamentaríamos y lesionarían a la ciudad.

Las autoridades municipales y estatales deben garantizar el derecho a la libre manifestación, y nadie por más afectado que resulte por los bloqueos debe hacerse justicia por propia mano, y menos con actos vandálicos como ocurrió ayer con los que desde lo alto de la azotea del centro comercial causaron destrozos en siete autos de alquiler en plantón. Por eso los detenidos en ese edificio, que más tarde clausuró el Ayuntamiento de Guadalajara, deberán explicar qué los motivó y quién organizó la agresión.

Desde luego no se puede dejar de consignar que los quejosos y sus líderes sindicales radicalizaron irresponsablemente ayer sus acciones al estrangular por completo las principales avenidas del centro tapatío y respondieron también lanzando objetos que causaron destrozos en los negocios de la Plaza. La irritación causada por la afectación a comercios, automovilistas y transeúntes de la zona, lejos de ayudar, causará mayores antipatías contra los taxis tradicionales que son los claros perdedores en la opinión pública. Tal vez por ello, los directivos de Uber respondieron con un agresivo ofrecimiento de servicios gratuitos que sin duda agravó la situación al caldear más la beligerancia de los manifestantes.

De la tensión que estalló ayer en el primer cuadro tapatío, son corresponsables también los legisladores que han dado largas a la discusión de este tema, pero sobre todo, al costo de la toma de una decisión.

Lo que también habrá que decir es que para inhibir enfrentamientos entre ciudadanos y manifestantes, es clave la estrategia policial. Lamentablemente en el plantón de los taxistas desapareció la coordinación que alcanzaron la policía estatal de la Fiscalía con la policía municipal, en noviembre pasado, cuando hicieron un exitoso operativo conjunto para retirar ambulantes de la conflictiva zona de Obregón. Ayer al momento que estalló el conflicto había sólo tres policías tapatíos que no intervinieron, y se tuvo que esperar al menos 15 minutos para la llegada de un número suficiente de elementos de la policía estatal para enfrentar la situación y detener al menos a 30 de los agresores que se escondían en las azoteas. Aquella vez hubo un inédito boletín conjunto firmado por el alcalde tapatío, Enrique Alfaro, y el fiscal Eduardo Almaguer en el que anunciaban que continuarían “trabajando en conjunto para garantizar la paz y el orden en la zona”.  Ayer sólo hubo reproches velados de ambas corporaciones.

Serán pues las autoridades las primeras que tendrán que recuperar acuerdos de cooperación, porque si se politizan los asuntos policiales y se regresa a la lógica de los cálculos políticos para enfrentar las emergencias, le dejarán abierto el paso al encono en conflictos futuros, con lo que perderemos todos.

 

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