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Emergencia ambiental

¿Quiénes son los responsables de que en el problema de la contaminación del aire que padecemos en la ciudad lejos de avanzar vayamos en retroceso?

Me temo que es un problema que, en distinta medida, estamos provocando  autoridades y ciudadanos.

Las primeras por el aplazamiento y lentitud en la articulación de políticas ambientales que vayan desde la defensa de las áreas naturales; mejorar la calidad de gasolinas que consumimos; modernizar y aplicar programas de verificación vehicular; impulsar modelos de movilidad que articulen el transporte masivo, el colectivo, el escolar y el no motorizado que desalienten el uso del automóvil; el mantenimiento de las redes de monitoreo; hasta la aplicación oportuna de las acciones que contemplan las fases de precontingencias y contingencias como la disminución de autos en circulación, especialmente a los más contaminantes, limitar la actividad industrial, cerrar frentes de obra e impedir bloqueos, entre otras.

Desde el lado de los ciudadanos, además de exigir a las autoridades el cumplimiento de estas obligaciones, es urgente un trabajo colectivo para tomar conciencia que los afectados de la polución somos todos y que el aire envenenado que respiramos nos va matando poco a poco. Una prueba clara de esta falta de cultura ambiental es el hecho que este año podría ser el peor en número de automóviles verificados al acudir menos del 18 por ciento del parque vehicular. Es decir la gran mayoría de los más de 2 millones de automovilistas les importó un bledo afectar impunemente la salud de los otros 3 millones de habitantes del Área Metropolitana de  Guadalajara.

Para hacer el panorama más obscuro aún, habrá que sumar a las omisiones gubernamentales y a la irresponsabilidad colectiva, la degradación ambiental que es consecuencia de años de afectación de los ecosistemas y que hoy agrava el problema de la contaminación por los climas más calientes, menos lluvias e incendios propios del calentamiento global. Según los especialistas, estas condiciones hacen que convivan contaminantes nunca antes vistos aumentando su letalidad.

La combinación de estos factores provocó ya que 2017 tenga más días de aire malo que en 2016 en la metrópoli tapatía. Pasaremos de 46 a 70 según reconocen las propias autoridades ambientales, lo que seguramente provocará más muertes y aumentar el gasto de 6 mil millones de pesos anuales que cuesta en Jalisco atender las enfermedades respiratorias.

La reacción ante esta emergencia ambiental debe ser inmediata desde los gobiernos como desde la ciudadanía. Por lo pronto para enfrentar de mejor forma esta temporada invernal que amenaza con recrudecer y multiplicar los contaminantes por partículas y ozono, que nos obligarán a todos a acatar las limitaciones propias de las contingencias ambientales por tantos años de inconsciencias y abusos a la atmósfera.

jaime.barrera@milenio.com

twitter: @jbarrera4