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Un edificio contaminado de impunidad

El aire que rodea la nueva torre que se alza en la Avenida Niños Héroes y que a partir del lunes será la nueva sede de una Auditoría Superior del Estado de Jalisco en la que nadie cree, está tan contaminado como la historia de la construcción de ese edificio, conocido ya para muchos como el monumento a la impunidad.

En el sexenio anterior, el del panista Emilio González Márquez, se le canalizaron a una ASEJ cada vez más cuestionada por los escándalos de corrupción en los que se vio involucrado su aún titular Alonso Godoy Pelayo, casi mil 280 millones de pesos. Ese mismo gobierno nunca presupuestó en cambio, por ejemplo, los 15 millones de pesos que se necesitaban para modernizar una red de monitoreo ambiental inservible por sus más de 20 años de antigüedad.

Eso sin duda contribuyó a que todos vivamos en una de las cinco metrópolis con la peor calidad del aire y cuya consecuencia es la muerte anual de tres mil ciudadanos que aquí habitan,  pero también para pudrir la credibilidad del principal órgano fiscalizador de los recursos públicos en la entidad. Pero bueno, prioridades son prioridades.

En las ediciones de MILENIO JALISCO del lunes y de ayer, mi compañera Sonia Serrano documentó cómo de los casi mil 280 millones de pesos que se le canalizaron a Godoy Pelayo del año 2009 al 2013, destinó más de 318 millones de pesos a la construcción de su nueva sede, sin justificar nunca los motivos de la necesidad o la urgencia de construirla.

La revisión del presupuesto ejercido por la ASEJ en los últimos cinco años del gobierno emilista que hizo la reportera de MILENIO, echa abajo el argumento de eficiencia con el que el auditor justificó siempre la construcción del megaedificio, al afirmar que se financiaba con los ahorros del órgano fiscalizador.

Lo cierto es que la estrategia, además de los recursos extraordinarios por 80 millones de pesos que le dio Emilio, fue inflar su presupuesto para pagos de salarios de plazas que nunca existieron, para tener millonarios sobrantes y canalizarlos a la edificación de sus nuevas oficinas.

Lo cuestionable de esta decisión crece al recordar las justificaciones de Godoy Pelayo para no hacer auditorías espaciales en dependencias señaladas de corrupción, con el argumento de que no tenía los auditores suficientes ni presupuesto para atender esas peticiones. Es decir, la construcción de su nueva sede significó debilitar la función sustantiva de la ASEJ, que es fiscalizar.

Si sumamos la compra a sobreprecio del terreno en litigio sobre el que se levantó la torre, la opacidad con la que se construyó y equipó al grado de desatender el llamado de los diputados para rendir cuentas de la obra, dibuja de cuerpo completo el sello de impunidad absoluta de la gestión de Godoy Pelayo.

Habrá que ver quién lo acompaña en el corte del listón del orgullo de su prepotencia, intacta en la Legislatura LX y el sexenio que corre.

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com