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El “dream team” jalisciense

Más allá del debate de si los estatutos del Instituto Metropolitano de Planeación le dan dientes o no para que las decisiones que ahí se tomen prevalezcan sobre la autonomía municipal, lo importante será lograr que se constituya un consejo ciudadano sólido, cuyos integrantes tengan dos condiciones indispensables: alta capacidad técnica y fama pública intachable.

Para el futuro director del Imeplan será decisivo en el éxito de su gestión el contar  o no con un cuerpo colegiado que lo haga fuerte ante el poder de los alcaldes de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tlajomulco, Tonalá, El Salto, Ixtlahuacán de los Membrillos y Juanacatlán, quienes integran la junta de gobierno del consejo de coordinación municipal y vienen siendo sus jefes.

De acuerdo a sus estatutos, el Imeplan funcionará con el concurso de cuatro esferas que estarán interrelacionadas. La primera la conforman justamente los ocho alcaldes de la zona centro de Jalisco que esta semana firmaron el convenio de coordinación metropolitana.

La segunda esfera es el consejo consultivo en el que actuarán los directores de planeación municipales y otros funcionarios, y en donde se podrán instalar mesas de trabajo en las que puedan participar funcionarios estatales y federales responsables con tareas que incidan en los servicios públicos y políticas de la metrópoli.

La tercera la constituye el propio Imeplan, con su director y sus gerencias encargadas de recopilar información, de la planeación y programación, y de la evaluación y el seguimiento. Se trata de una plantilla reducida y altamente calificada, que no supere una nómina de veinte personas.

La cuarta esfera es la del consejo ciudadano, y es a la que habrá que poner especial atención cuando se empiecen a enlistar los nombres para su conformación. Ahí deben llegar los mejores hombres y mujeres que además de tener conocimientos probados en temas de desarrollo urbano, deberán gozar de credibilidad e incuestionable prestigio.

Sólo con una buena alineación se puede lograr un consejo ciudadano con peso e influencia que pueda servir de respaldo al director del Imeplan en los momentos de tensión con los alcaldes metropolitanos.

Es, pues, la esfera clave para cuidar que los principios y objetivos del Imeplan no se perviertan, ni se convierta en una instancia que se limite a emitir opiniones que nadie atienda.

De un buen consejo ciudadano depende que el director del Imeplan se convierta en un buen gerente de la metrópoli, cuya única misión sea articular y mejorar los servicios públicos y ordenar su crecimiento para mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Y como un altavoz para cobrar muy caro a aquel alcalde que por intereses particulares o políticos se oponga a algún plan metropolitano.

Debe ser como un dream team jalisciense. Por el bien de todos, debemos integrarlo y respaldarlo.

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jaime.barrera@milenio.com