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El día que la FIL redimió a Raúl

Si el sábado estaba feliz por el exitoso arranque de la Feria Internacional del Libro, que creó hace 27 años, y por la conquista del campeonato en la Liga de ascenso de los Leones Negros de la UdeG, equipo que desapareció en su rectorado en la década de los 90 como condición para recibir recursos para la reforma universitaria, ayer Raúl Padilla López vivió el mejor día de su vida. El del reconocimiento de su admirada Francia, y otro que tardó y esperó por años: el de sus coterráneos.

“Nadie es profeta en su tierra”, lamentaba apenas 24 horas antes en la entrevista que tuvo con la coordinadora editorial de nuestro suplemento FILias, Rosa Esther Juárez, cuando le cuestionó de los numerosos reconocimientos de fuera y las críticas que recibe en casa.

Ayer el gobierno estatal que encabeza el priista Jorge Aristóteles Sandoval no sólo le abrió, después de lustros, de nuevo las puertas de Casa Jalisco, sino que además le convocó a los liderazgos jamás reunidos para reconocerle el indiscutible legado que le dejará a Jalisco con la FIL, la más grande feria de habla hispana en el mundo.

Porque como le he señalado aquí, se podrá cuestionar la transparencia en su organización o que el brillo de la feria no llega ni por asomo a muchas de las aulas o laboratorios universitarios, que sin duda se debe corregir,  pero es injusto no reconocer además de toda la derrama económica que genera, cómo los días de la feria, la marca de Guadalajara se oye en muchas partes del mundo. Sin duda un gran activo no sólo de la ciudad y del estado, sino de todo México.

Hace dos años escribí aquí, justo en el emblemático 25 aniversario de la FIL, que el polémico Raúl Padilla festejaba, casi en solitario, la grandeza de la FIL, alejado de los liderazgos jaliscienses a los que no quería o no podía convocar, y que observaban de lejos la celebración.

Tal vez ese 25 aniversario hubiera sido el mejor momento para que se le reconociera en Casa Jalisco. Pero en el 2011 eso era imposible porque ahí despachaba el panista Emilio González que lo acusaba de despilfarrar en la FIL, en el Festival de Cine y de operar patrimonialmente el Auditorio Telmex. Con esos señalamientos el gobernador panista pegaba en el centro de flotación del líder absoluto del grupo que controla la UdeG desde hace más de dos décadas. Hombre con estrella como es, a Padilla lo salvó la visita que con copas le hiciera el mandatario a su casa a altas horas de la noche.

Menos lo pudo hacer el panista Francisco Ramírez Acuña, a quien literalmente Padilla tuvo que empujar para entrar a su despacho en Palacio de Gobierno, en una visita de cortesía de diplomáticos cubanos cuando la isla fue la invitada de honor de la FIL.

Ayer ese desprecio se tornó en distinción. Y Raúl aprovechó para pedir más inversión para la educación en México y para convocar con la anécdota de las langostas jaliscienses a la unidad en la entidad, y de paso para pedir disculpas de sus excesos juveniles en su época fegista al ex gobernador Flavio Romero.

Fue el día que la FIL redimió a Raúl.

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