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¿Qué nos dejó la amarga lección de hace 23 años?

Lo que ocurrió a las 10:05 de la mañana de aquel miércoles negro de semana de pascua, el 22 de Abril de 1992, fue como el fin del mundo para las 209 personas que murieron, según cifras oficiales, en el Sector Reforma. Entre los vecinos hablan de muchas víctimas más. De familias completas que quedaron sepultadas en los escombros sin que quedara alguno de los suyos que los reclamara.

Fue aquel instante aciago en el que se cumplió la amenaza que anunciaban los vapores que emanaban de las alcantarillas y que gobiernos lejanos y negligentes ignoraron haciendo más grande la peor tragedia colectiva de la historia de Guadalajara, por el pésimo manejo que dieron a la emergencia.

Lo único claro de lo que pasó hace 23 años es que el origen del siniestro se engendró en la corrupción que se manifestó en la inexplicable presencia de millones de litros de hidrocarburos en el drenaje tapatío cuyo origen era la planta de Pemex de La Nogalera, y que provocaron una serie de estallidos que volaron casi 13 kilómetros de calles.

Para los que no murieron, esa enorme cicatriz que quedó en el rostro de la ciudad, es el recuerdo permanente de una pesadilla que no acaba para los más de mil heridos y los más de 15 mil ancianos, niños, mujeres y hombres que perdieron a algún ser querido, que se quedaron sin casa, sin negocio, sin nada. Muchos de ellos recordarán hoy, como cada año, aquel infierno que devoró su barrio.

Por la alternancia política en la que desembocó la irritación social hacia los entonces gobiernos priistas tres años después y la emergencia de distintos movimientos auténticamente ciudadanos, muchos pensamos que aquella sacudida había cimbrado para siempre y en muchos aspectos a los tapatíos.

Hoy que han pasado 23 años de aquel traumático momento histórico hay muestras y datos de sobra de que los efectos de cohesión social y despertar ciudadano no perduraron tanto como la tragedia y que nos falta mucho por avanzar como comunidad en esos aspectos.

La mejor prueba de ello es que lo que verdaderamente ocurrió aquella mañana sigue oculto. Los liderazgos sociales que emergieron en medio del dolor y coraje de miles de familias, terminaron siendo cooptados por el PAN y los políticos de este partido que llegaron al poder capitalizando este lamentable suceso, instalados en el poder, se olvidaron de buscar la verdad de lo ocurrido.

Pareciera que este gigante y paradigmático caso de impunidad nos ha adormecido de nuevo. Hubo presos que fueron exonerados porque no eran mas que chivos expiatorios. La versión oficial de que las enormes cantidades de hidrocarburos entraron al drenaje por un pequeño orificio que causó la corrosión de una tubería de Pemex nadie la creyó. El caso es que nadie resultó culpable de toda aquella estela de muerte y destrucción descomunal que costó mucho dinero a todos.

Insisto, un efímero aprendizaje para tan amarga lección que ojalá, pese a nuestra amnesia colectiva, no dejemos que se repita ni en el subsuelo ni en la superficie.

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jaime.barrera@milenio.com