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Un dedazo de 100 mil votos… menos

Además del voto de castigo de los ciudadanos a los gobiernos priistas locales que se expresó en la jornada electoral el domingo 7, casi del tamaño del que sufrieron el 12 de febrero de 1995, del que escribí ayer, otro factor que contribuyó a la noqueada que les puso el alfarismo, fue la ausencia del famoso voto duro priista.

Es muy pronto para poder afirmar que los 250 mil votos que el PRI presupuestaba previo a la jornada electoral por su aparato de movilización haya desparecido para siempre. En todo caso esa hipótesis habrá que confirmarla al menos con los resultados de la próxima elección.

Por ejemplo, en Guadalajara hay más bien indicios para concluir que el voto de esos priistas se quedó en sus casas o en cualquier otro sitio, menos en las urnas a las que en teoría deberían acudir , en una clara manifestación de rechazo e inconformidad a los métodos que permitió su dirigencia estatal para la selección de los candidatos tricolores. Fue evidente que muchos sectores del PRI nunca aceptaron que las principales postulaciones, todas por dedazo, hayan beneficiado sólo a miembros del primer círculo del gobernador Aristóteles Sandoval, al igual que los encargados de la operación y el diseño de la campaña electoral.

Esta decisión no hizo mas que agravar las quejas que muchos de esos mismos sectores habían expresado por el activismo de Leonel Sandoval, padre del gobernador, al que acusaban de implementar estructuras paralelas al partido, a la postre origen del fuego amigo que lo obligó a pedir licencia como magistrado. 

El hecho de que el candidato del Partido Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro Ramírez, haya ganado con 60 mil votos menos Guadalajara el domingo pasado, que los 361 mil que logró hace tres años como candidato a gobernador entre los tapatíos, elimina también la hipótesis de que los que el PRI logró movilizar hayan votado a favor del partido naranja.

Los más de 100 mil votos que cayó la votación priista en Guadalajara, y que no se sumaron a la causa alfarista , deja claro que la candidatura de Ricardo Villanueva nunca terminó por contar con las distintas corrientes priistas, que lo veían más como lanzamiento del Grupo UdeG, cuyos candidatos también resultaron afectados por la debacle electoral  que sufrieron el lunes pasado.

Tan sólo en Guadalajara, pues, fue un dedazo que su militancia les cobró con 100 mil no votos, que evitaron la contención del factor Alfaro y contribuyeron a la metropolización del voto naranja.

Más que caer en la tentación de administrar la derrota y profundizar las divisiones internas por la disputa de las pocas posiciones que les quedaron, los priistas y sus gobiernos deben entrar a una etapa de profunda reflexión y reestructuración si quieren mantener alguna posibilidad de triunfo en el 2018. 

La debacle panista que inició en 2009 y que les permitió llegar al poder estatal en 2013 por no rectificar, debe ser su mejor espejo. El electorado dejó claro, y qué bueno, que su paciencia y tolerancia a ineficiencias y abusos  se ha reducido. Al PAN lo aguantó 18 años, al PRI a los 6, ya lo expulsó de la capital y de los más importantes municipios de Jalisco.

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com