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Un auditor que optó por el ataque

Corría el mes de agosto del año pasado cuando dos emisarios del partido Movimiento Ciudadano se reunieron con el entonces amplia y largamente cuestionado titular de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco (ASEJ), Alonso Godoy Pelayo, para informarle que no había condiciones para respaldarlo en su pretensión de continuar siete años más despachando en las megaoficinas que se mandó construir sin justificar ni rendirle cuentas a nadie, tal y como era su costumbre.

La misión de los enviados naranjas de alto nivel era correrle la cortesía a Godoy y enterarlo del pronunciamiento que harían días después de que sus diputados, que en la anterior Legislatura fueron clave para su permanencia, no apoyarían más su eventual reelección. Disgustado, Godoy comentó a sus interlocutores que sabía quién estaba detrás de ese bloque en su contra y que iría por él, haciendo referencia al alcalde de Zapopan, Pablo Lemus, que cuando fue dirigente de la Coparmex fue particularmente crítico del papel del auditor, de quien pidió su renuncia en el 2011.

El día que los naranjas se pronunciaron contra la continuidad de Godoy, inmediatamente después hicieron lo propio los del PRI y los del PAN, en el sentido de que tampoco votarían por él ante un eventual registro en la futura convocatoria para elegir al nuevo titular que en teoría iniciaría  funciones el 1 de enero de 2017.

Me pregunté entonces aquí cuál sería la reacción de Godoy al pasar de ser un auditor en campaña a uno en retirada, y  plantee dos escenarios que transcribo: 1) Que disgustado y molesto por el repentino retiro del apoyo de los diputados de todos los partidos políticos, se dedicara los casi cinco meses que le quedaban a su gestión, a cobrar facturas a quienes atribuía esa decisión, intensificando el uso faccioso que se dio en los últimos años a la ASEJ, y 2) Que ya en el abandono político, se concentrara en cerrar su gestión en los términos más amistosos posibles para evitar que se le llame a rendir cuentas y a un eventual deslinde de responsabilidades por los señalamientos de cobros indebidos y de la opacidad con la que administró durante más de una década el presupuesto y las funciones de esa poderosa institución.

El primer indicio de que optó por el ataque vino en septiembre pasado cuando Godoy ordenó a 30 auditores, de los 160 con que cuenta la ASEJ, ir al ayuntamiento de Zapopan para ampliar una auditoría light que habían hecho del 21 al 23 de junio del ejercicio presupuestal 2015, pero ahora que fuera del 2 de septiembre al 14 de octubre de 2016.

El segundo indicio que hace irrefutable el ánimo revanchista que inspiró el inusual espíritu fiscalizador de Godoy, vino el viernes pasado cuando se dieron a conocer los resultados de esa ampliación de auditoría, que a decir de Lemus, terminó con 49 auditores, con cargos por más de mil 200 millones de pesos y en la que la lupa se puso sólo en los tres meses que gobernó del 2015. El otro escenario que se cumplió es que al no irse en paz, se le investigará su enriquecimiento ilícito, según reviró el alcalde zapopano, quien de cualquier forma deberá  resolver primero los cargos fincados por un auditor que cumplió su amenaza.

jaime.barrera@milenio.com

twitter: @jbarrera4