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Del ataque en Guachinango a la crisis "huachicolera"

Hace casi tres años, me pregunté aquí si la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) nutría con sus omisiones en la vigilancia de sus ductos a la delincuencia organizada, por las crisis y desafíos al Estado que desde aquel entonces provocaban ya las constantes y crecientes tomas clandestinas que incrementaban notablemente el poder corruptor y de fuego del narco.

Compartí esa incógnita aquí el 14 de mayo del 2014, dos días después del más violento ataque de miembros de la mafia a una misión de militares, momentos después de decomisar en el municipio de Guachinango miles de litros de hidrocarburos robados de los ductos de Pemex, que terminaron siendo las bombas que hicieron explotar con sus balas los narcos para terminar con la vida de cuatro soldados, cuyos vehículos militares terminaron prácticamente en cenizas.

Aquella noticia de la emboscada a los militares con fusiles de alto poder y granadas cuando llevaban los hidrocarburos para ponerlos a disposición de la Procuraduría General de la República, coincidió con la visita a Jalisco de Emilio Lozoya, entonces director general de Pemex, quien se vio obligado a hablar del tema y a reconocer que hasta abril se habían detectado tan sólo en 2014 “casi mil tomas clandestinas”.

Tres años después y pese al conocimiento absoluto de la problemática de las más altas autoridades de Pemex, el fenómeno sigue creciendo y la semana pasada volvió a hacer crisis en Jalisco (donde además de la fuga que puso en riesgo a tres mil ciudadanos de Tlajomulco que debieron ser desalojados en Semana Santa, el jueves pasado un grupo armado arrebató a la PGR seis de 12 pipas que decomisaron cuando estaban esperando ser cargadas de hidrocarburos robados), Puebla (donde huachicoleros enfrentaron al Ejército causándoles 4 bajas en el choque en que murieron otras seis pesonas) y Veracruz (donde también enfrentaron a la policía para liberar a uno de sus cómplices detenidos e intentar fallidamente recuperar una pipa). Se trata de tres de los seis estados ubicados como donde más tomas clandestinas hay.

Todos hablan hoy de los huachicoleros, estas bandas delincuenciales integradas necesariamente por altos directivos de Pemex que les avisan a qué horas ordeñar los ductos, miembros del sindicato petrolero, distinguido en la vida gremial por sus altos niveles de corrupción, y los distintos cárteles de la droga que han visto en este negocio una fuente alterna y creciente de recursos, y que les facilitan sus redes de protección que les dan autoridades y policías locales corruptas.

Con este despojo a la nación impune y fuera de control, que representa más de 30 mil millones de pesos al año, ya el presidente Enrique Peña Nieto prometió el viernes una estrategia para enfrentar este saqueo impune. Habrá que ver si Pemex, la PGR, la Secretaría de Gobernación y los Gobernadores atienden su llamado.

jaime.barrera@milenio.com

twitter: @jbarrera4