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Las claves del cónclave priista

Hoy inician en las ciudades de Saltillo, Toluca, Mazatlán, Campeche y aquí en Guadalajara las discusiones previas a la XXII Asamblea Nacional del PRI que concluirá el próximo sábado en la Ciudad de México.

En Coahuila (pese a los Moreira) discutirán temas de ética y combate a la corrupción y a la impunidad; en Sinaloa revisarán su declaración de principios; en el Estado de México su programa de acción; en Campeche el cambio de estatutos y aquí en Jalisco instalarán la mesa donde discutirán su visión de futuro.

Por el tema del casi seguro cambio de estatutos para abrir los candados que flexibilicen la elección del candidato presidencial y la discusión del método de elección, es la mesa de Campeche la que más ha llamado la atención de los cuadros priistas. Se espera que se elimine de los requisitos priistas para ser aspirante a algún cargo de elección popular el de tener 10 años de militancia y haber ostentado algún cargo partidista. En ese sentido, hay quienes atribuyen que esos cambios están hechos a la medida de José Antonio Meade, secretario de Hacienda, especialmente, pero también para José Narro, de Salud; y de Aurelio Nuño, de Educación, que ayudarían a ampliar la baraja de opciones del PRI y del Presidente Enrique Peña Nieto.

Pero no necesariamente es así. En el caso de que el PRI forme parte de un frente partidista o vaya en coalición esos candados saldrían sobrando, aunque sí darían elementos para saber si en el PRI realmente están pensando en formar un frente, o de plano es una simulación para buscar, como lo hacen habitualmente, fraccionar el voto. Por eso la mesa de Guadalajara también será decisiva, ya que además de la visión de futuro y la plataforma de gobierno también se discutirá la estrategia para enfrentar el 2018. No por nada el presidente nacional priista, Enrique Ochoa, decidió llegar desde anoche para encabezar aquí la cena de bienvenida de los participantes en esta mesa en la que figura el anterior presidente del CEN priista Manlio Fabio Beltrones, y dos aspirantes a la candidatura presidencial, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y Nuño, de la SEP.

Pero sin duda el gran reto para el PRI será definir las acciones para poder llegar con posibilidades competitivas a la contienda presidencial pese a la baja aprobación de Peña Nieto, la enorme pérdida de votos en las elecciones de 2016 y 2017 y el hartazgo por la corrupción e impunidad. Otro gran desafío será lograr salir sin divisiones de esta Asamblea que es la antesala para definir entre un candidato que conecte más hacia los ciudadanos, o al tradicional que mueva a las estructuras internas. En sus cálculos de lo más conveniente y menos riesgoso se juegan llegar con alguna posibilidad de triunfo al 2018.

jaime.barrera@milenio.com

twitter: @jbarrera4