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2014: un año más de impunidad

En el contexto del México convulso con el que cerraremos el año, del México cuyo gobierno se vio obligado a cambiar el discurso triunfal y soberbio del logro del ciclo reformador y de un país viento en popa, al de la urgencia de aplicar un decálogo para recuperar el estado de derecho tras la noche que flotó la pudrición nacional acumulada en Iguala el 26 de septiembre, el primer tema que se tiene que evaluar del 2014 en Jalisco no puede ser otro que el de la impunidad.

El balance es desde luego negativo. Como hace décadas, el avance en su combate es nulo, y como consecuencia la corrupción es la segunda más grande preocupación de los jaliscienses y nuestra entidad está colocada en el segundo lugar nacional, en el estudio más reciente del INEGI, donde a la pregunta sobre la frecuencia que advierte el ciudadano actos de corrupción, los de aquí respondieron “frecuente” y “muy frecuente” en un 94.7 por ciento, sólo abajo del DF que sumó 95.3.

Hoy que la clase política nacional en crisis invoca en sus arengas el combate a la “impunidad cotidiana”, los tapatíos recordaremos el 2014 no sólo como el año en que no pudimos acabar con el polígono donde todos los días convive la ley y el delito (el barrio del Santuario y su tráfico de medicinas, la 5 de Febrero y las autopartes robadas, y San Juan de Dios y la piratería, todos ellos a unos cuantos metros de las sedes de los tres poderes del estado de Jalisco, del Palacio Municipal y del Palacio Federal; de las instalaciones de la Fiscalía estatal y de la delegación de la Procuraduría General de la República), sino que la delincuencia organizada expulsó y correteó a los policías que osaron quererlos poner en orden en los disturbios del último día de octubre.

Ante ese gran telón de fondo de tolerancia a la corrupción los aislados casos de Elisa Ayón, la #LadyRegidora; la detención de un ex funcionario vinculado a desvíos por los Juegos Panamericanos, o haber evitado el millonario pago a la consultora López Castro, son golondrinas que no hacen verano. 

Menos aún cuando dirigentes partidistas, diputados y funcionarios de los tres niveles de gobierno, lejos de interpretar y hacer suyo el hartazgo social por tanta corrupción e impunidad, siguieron cerrando filas para proteger sus canonjías e intereses. En lugar de abrazar e impulsar iniciativas ciudadanas históricas como la que busca una nueva Ley de Fiscalización, o nuevas reglas para facilitar la participación ciudadana, los diputados del gobierno en turno se han opuesto abiertamente a su avance.

No tuvimos, pues, en 2014 actores políticos con la mística, la creatividad, el coraje y el talento político para tratar de desmontar las tramas corruptas que dominan los asuntos públicos en Jalisco. Muchos de ellos buscarán nuevamente el voto en 2015 y habrá que cerrarles el paso. A los que insisten en llegar al poder para cambiar esta historia habrá que pedirles compromisos concretos sobre el tema. Al gobierno estatal que llega a su primer tercio de gestión habrá que exigirle actuar antes de que la crispación nos paralice.

jaime.barrera@milenio.com

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