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Los anhelos de la Reforma política local

Sin duda en lo positivo lo que destaca son los espacios que gana la ciudadanía y que acota en algo (por limitado que sea significa un avance), el monopolio que por todos los medios siempre tratan de conservar los partidos y la clase política, así como los poderes fácticos que los controlan.

Con todas sus limitaciones y riesgos, están ahí ya plasmadas las candidaturas ciudadanas que quitan a los partidos políticos la facultad de ser la única vía de acceso al poder y a la representación popular. Lo que habrá que cuidar es que éstas no sean acaparadas por ex candidatos de partidos políticos y menos, como en el caso de San Blas, Nayarit, donde el domingo ganó un ex político profesional que dijo en campaña que robaba poquito y que ganó “por muchito” envuelto en la figura de una postulación ciudadana. Ni a los que buscará financiar el narco por esta vía.

Celebro también la aprobación de la reelección de alcaldes y diputados, que abre la posibilidad de que los políticos que como candidatos hacen promesas al electorado, se esfuercen por cumplirlas y regresen a rendir cuentas a las comunidades, y no sólo estén preocupados por atender los designios de jefes partidistas y a los intereses que ellos responden.

La esperanza es que la incidencia del reconocimiento o la reprobación del ciudadano al ejercicio del poder, repercuta positivamente y mejore la calidad de políticos y gobernantes, los profesionalice, y que cada día transiten menos pseudoliderazgos cuya improvisación pagamos todos con el deterioro de nuestra calidad de vida.

En ese sentido es de festejar también que no haya prosperado la pretensión de las candidaturas comunes que trivializan la participación política y que se haya subido el porcentaje de votación a los partidos políticos para recibir recursos públicos y mantener su registro.

Queda pendiente bajar el costo de las elecciones por la promesa no cumplida del PRI de proponer una baja sustancial en el presupuesto a los partidos políticos, cosa que como era de esperarse tampoco exigieron con rigor el resto de los partidos.

El asunto del dinero, así como las fórmulas de representación y la inclusión de la guerra sucia como causa de nulidad de la elección responden más a los intereses y al juego propio de los partidos políticos, que sin duda cuidaron y llegaron a consensos con una aplicación extraordinaria. Lo deseable es que así como trabajaron todo el domingo y hasta la mañana del lunes en la revisión punto por punto antes de aprobar la reforma que los afecta y que tiene que ver con sus dineros y sus cuotas de poder, los diputados legislen con el mismo rigor los asuntos que afectan a los ciudadanos que dicen representar y que hasta ahora a la mayoría les pasan de noche.Son anhelos que ojalá se cumplan.

 

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jaime.barrera@milenio.com