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¿Por qué la alternancia no paró la corrupción?

A propósito del debate por la urgencia de enfrentar como país la escalada insostenible de corrupción en la que nos encontramos, que se agudizó con la petición del presidente Enrique Peña Nieto a su subalterno y nuevo titular de la resucitada Secretaría de la Función Pública de que lo investigue, me referí ayer aquí al fracaso de las múltiples campañas anticorrupción que hemos tenido como nación.

Planteé también ayer que lejos de parar la corrupción, la alternancia política en 1995 en Jalisco y en el año 2000 en México hizo crecer este flagelo, pese a que la promesa de terminar y castigar las corruptelas fue clave para que, en estos casos, los panistas pasaran de la oposición al gobierno. Pero la misma historia pasó con los gobiernos perredistas, y las pruebas están en Michoacán, Guerrero y el DF.

¿Por qué la consolidación de la democracia en México no ayudó al combate a la corrupción? le pregunté ayer en MILENIO RADIO a Eduardo Bohorquez, director de Transparencia México y del capítulo México de Transparencia Internacional?

“Es una reflexión realmente muy importante que la hemos discutido mucho al interior de Transparencia Mexicana y creo que tiene que ver con dos cosas: primero con un mal diagnóstico, la idea de que podíamos poner a otros hombres y mujeres al frente de la administración pública y que eso bastaba para corregir el problema de la corrupción, que si llevábamos a funcionarios frescos, de buena reputación, estos iban a cambiar las estructuras y eso, pues no ocurre en ningún sistema en el mundo. Y lo otro: el problema de ese diagnóstico es que nos llevó a perder mucho tiempo bajo la falsa creencia de que con que cambiáramos de partido político íbamos a cambiar la situación y no nos pusimos a trabajar en la construcción de un sistema nacional anticorrupción. Nos pusimos a trabajar en las designaciones de los servidores públicos, en algunos casos se aprobaron las leyes de transparencia, pero ser transparentes y ser honestos no es exactamente lo mismo”, me respondió.

A la luz de esta conclusión, es claro que para recuperar este tiempo histórico se debe poner en el centro de la agenda generacional el tema del combate a la corrupción e impunidad. Así como los movimientos sociales de la segunda mitad del siglo pasado se centraron en la demanda de democracia y elecciones libres, que fueron conquistando espacios con el diseño de las instituciones de la democracia, es claro que hoy de lo que nos debemos ocupar es de la construcción de las instituciones contra la corrupción que no nos dio la democracia.

En Jalisco tenemos mucho por dónde empezar para contribuir en esta tarea nacional. Mañana un repaso de los pendientes más inmediatos sobre el tema que la clase política local se resiste a abordar por no perder canonjías y privilegios, y que sólo se lograrán con la participación de una ciudadanía activa.

jaime.barrera@milenio.com

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