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UBER, un Nobel y desigualdad

La anécdota se dio en el arranque ayer de la segunda jornada del Quinto Foro Mundial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en la presentación de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía en el 2001.

El académico estadunidense y autor, entre otros, del libro Cómo hacer que funcione la globalización reflexionaba sobre la importancia de encontrar nuevos y mejores indicadores para medir la desigualdad y utilizar esa información para diseñar políticas públicas que la combatieran de mejor forma en los distintos países y a nivel global.

Ironizó diciendo que la búsqueda de estas nuevas fórmulas para medir y combatir la desigualdad es urgente para dejar de sugerir a sus alumnos de Columbia y Mánchester, que la única manera de lograr mayor equidad de oportunidades era "elegir al mejor padre o al correcto".

Ya más en serio, Stiglitz planteó que se debe pensar incluso en rediseñar los modelos utilizados hasta hoy para enfrentar el fenómeno de la desigualdad y los factores que la generan.

A la hora de las preguntas y respuestas, se le cuestionó al Nobel qué papel venía desempeñando en el tema de la desigualdad la vertiginosa marcha de la tecnología, ya que en muchos casos parecía que lejos de ayudar a abatirla, hacía más amplia la brecha entre ricos y pobres.

Stiglitz dijo estar de acuerdo en el planteamiento y como ejemplo utilizó el caso de UBER, esta empresa líder mundial en redes de transporte, al decir -palabras más, palabras menos- que ahí los avances tecnológicos se utilizaban claramente para evadir la regulación gubernamental y sobre todo el pago de impuestos. Obviamente, dijo, eso genera un dilema de desigualdad con el resto de los taxistas tradicionales.

Más allá de lo didáctico, el comentario del Nobel de Economía en el Foro Mundial de la OCDE bien se puede aprovechar para abonar a la discusión que está vigente en la ciudad y que está por llegar al Congreso del Estado para legislarse antes de que concluya este mes la LX Legislatura.

Por lo demás, es claro que pese a la vanguardia que se ha alcanzado en la medición del progreso de las sociedades en México, e incluso aquí en Jalisco, por el trabajo del INEGI y del gobierno estatal, el reto en México es también medir y combatir la desigualdad.

Según me comentó Eduardo Sojo, el presidente saliente del INEGI, por ello el gran proyecto del próximo año será medir por primera vez la movilidad social. ¿Qué es lo que determina que una persona pueda moverse en la escala social?

Sin duda esa información será valiosa, pero el verdadero desafío seguirá siendo que esos datos se traduzcan en políticas públicas antipobreza que hasta ahora no han estado a la altura de los avances en su medición.

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jaime.barrera@milenio.com