Radar

Triste adiós a Don Héctor

El miércoles que falleció muchos volvimos la vista a su biografía en la que destacaba cómo desde los 15 años apoyó la fundación del Partido Acción Nacional en Jalisco y su decidido apoyo a la candidatura presidencial del ideólogo del primer partido de oposición en México, Efraín González Luna.

Vaya paradojas de la vida. Un hombre que entregó su vida a ese partido político hasta llevarlo al poder se fue a la tumba en el peor momento de la institución por la que luchó siempre.

Candidato a alcalde de Guadalajara y a Gobernador cuando era imposible ganarle al PRI porque era el dueño del balón y del árbitro, fue uno de los constructores de la fuerza panista que logró revertir esa condición en febrero de 1995.

Clave para ese logro que nos hizo evolucionar en materia democrática fue la habilidad con la que convivió con la clase política priista como diputado local y federal en la era de la hegemonía del tricolor.

Su última posición política fue como senador hasta 2012, antes había sido presidente municipal interino de Guadalajara y secretario general de Gobierno cuando su discípulo Francisco Ramírez Acuña fue gobernador.

Nos narró ayer en MILENIO RADIO mi compañera Sonia Serrano cómo los funerales de Don Héctor Pérez Plazola reunieron a representantes de todas las corrientes panistas cuyo distanciamiento y ausencia de liderazgos los mantiene en el 2015, en el tobogán de la debacle electoral desde el 2009 que aún eran la primera fuerza política que mantenía el poder en el estado desde 1995.

Los que brillaron por su ausencia fueron los panistas de última generación que ocuparon los espacios que, como en ningún otro partido político, cedieron a los jóvenes los veteranos que como don Héctor conquistaron esas posiciones.

Esos panistas que siguen sin tocar fondo, dilapidaron historia y reputación por su corrupción precoz, primero, y su ambición mediocre de administrar las sobras de la derrota político electoral después.

Pero en la decadencia de esa bandera política blanquiazul que hizo vibrar a la mayoría de los jaliscienses en la mitad de la década de los 90, por la inédita experiencia de la alternancia y del cambio de gobierno, también contribuyeron los que medraron del poder y en su declive traicionaron su causa al grado de abandonar candidatos  propios y promover aspirantes de otros partidos que presentaron sin pudor alguno a sus gobiernos y dirigencias.

Más allá de la vida interna de los partidos, sin duda es una mala noticia para todos, que un partido con toda una tradición de oposición se haya pervertido en el poder al grado de estar rumbo a la extinción.

Ojalá alguna expresión que lata aún en los reductos panistas honre el esfuerzo y el legado de este  jalisciense y correligionario suyo que se fue, y emprenda el esfuerzo para revivir una fuerza política que vuelva a ser un contrapeso al poder y un impulsor de nuestra democracia.

 

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com