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Tiliches Panamericanos

Las historias que nos reveló esta semana mi compañero Víctor Hugo Ornelas sobre los bienes muebles en los que se invirtieron millones de pesos de dinero público para los Juegos Panamericanos del 2011 y que se echaron a perder en bodegas de las que nunca se dieron cuentas, además de provocar indignación, son una nueva prueba de la opacidad con la que se manejaron los gastos en ese compromiso continental y la fiscalización simulada que hubo de ese ejercicio presupuestal.

La molestia crece si recordamos que los colchones que se abandonaron hace más de cuatro años en esas bodegas, y muchos otros objetos con los que se amueblaron las también abandonadas Villas Panamericanas, hayan podido servir para ayudar a los jaliscienses que sufrieron el embate del huracán Jova, la noche misma que se inauguraban los JP 2011 en el Estadio Omnilife el viernes 14 de octubre de 2011.

Más aún cuando, con bombo y platillo, el Comité Organizador de los Juegos Panamericanos Guadalajara (Copag) aprobó en su junta de administración, dos días antes de la clausura de la justa deportiva internacional, que donarían el menaje utilizado por los 6 mil atletas que habitaron las Villas, a las que también de última hora se les inyectó dinero de Pensiones del Estado y del ex Instituto Promotor de Vivienda (Iprovipe).

Calcularon en aquel momento que enviarían a los más de 15 mil damnificados un embarque de 7 mil camas con igual número de colchones, además de burós y toallas, por un monto estimado en 10 millones de pesos. Se jactaron incluso que convocarían a los atletas a dejar alguna prenda para enviarla a los afectados.

No sólo nunca llegó la ayuda anunciada a los damnificados, sino que nadie sabía cuál fue el destino final de esos bienes muebles hasta que esta semana se encontraron parte de ellos en estas bodegas.

Tan responsables son los que nunca dejaron un inventario claro como los que lo recibieron en la pasada Administración municipal sin hacer las denuncias correspondientes que los deslindaran de responsabilidades, más aún que en el último proceso de entrega-recepción ocultaron la existencia de esas bodegas, pese a pagar por ellas rentas de 150 mil pesos.

La historia de los tiliches panamericanos debe servir, pues, para revisar el blanqueo exprés que la pasada Legislatura intentó de las cuentas de los Juegos cuando, entre otras 50 cuentas públicas, la Auditoría Superior del Estado de Jalisco mandó rechinando de limpias la del Consejo Estatal del Deporte (Code), la del Comité Organizador de los Juegos Panamericanos (Copag) y la del Fideicomiso de Infraestructura para los Juegos Panamericanos (Finde).

El gobierno alfarista de Guadalajara ya prometió, por lo pronto, que está decidido a deslindar las responsabilidades del caso, mientas que el Contralor del gobierno estatal, Juan José Bañuelos Guardado, aseguró que el caso de las bodegas le ayudará a continuar con las denuncias que prepara por el gasto panamericano. Veremos.

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