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Simulación en campaña

La orden del Instituto Nacional Electoral (INE) de que los “precandidatos” a la alcaldía de Guadalajara, Ricardo Villanueva, por el PRI, y Enrique Alfaro, por el Partido Movimiento Ciudadano, suspendan sus spots en radio y televisión por considerarlos actos anticipados de campaña, confirman la simulación a la que nuestra clase política no está dispuesta a renunciar.

La coartada de llamarse precandidatos cuando en realidad son ya los abanderados de sus partidos para las elecciones constitucionales que en teoría deberían iniciar hasta abril, son otra clara señal de la pantomima de sus supuestas contiendas primarias, ya que o son candidatos únicos o sus competidores internos son sólo comparsas.

Además, el arranque de las acciones de promoción de sus precandidatos de los distintos partidos políticos, en Guadalajara y en otros municipios en donde también debía actuar el INE, no sólo viola el espíritu de la recién reformada Ley Electoral de hacer más cortas las campañas electorales para ahorrar recursos públicos y combatir el hartazgo ciudadano, sino más grave aún, desafía el momento crítico de crispación que vive nuestro país.

Porque al desprestigio que ya venía arrastrando la casta política, se suma la irritación ciudadana causada por la descomposición social reflejada en casos como el de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa por autoridades bajo las órdenes del narco, y por los casos de tráfico de influencias e inexplicables casos de enriquecimiento inexplicable como el de la Casa Blanca presidencial. Esta desafiante condición exige de los políticos y funcionarios públicos por lo menos de mayor sensibilidad.

Sin embargo, por lo visto aquí en el arranque de las mal llamadas precampañas, no hubo tal rectificación ni apuestas por recuperar la cultura de la legalidad en un asunto tan simple como el respeto a la norma electoral, y tan delicado, como el respeto a los votantes.

La buena señal del compromiso de todos los dirigentes de los partidos políticos y del gobierno estatal de buscar blindar el proceso electoral del poder corruptor del narco, podría verse anulada si las instituciones políticas contendientes violan desde ya las reglas del juego. 

El rediseño de sus precampañas internas, convirtiéndolas en verdaderos procesos creativos de comunicación interna y de utilización de sus estructuras y redes,  podrían llevarlos no solo a respetar la Ley y a aceitar sus contingentes para el día de la elección, sino a lograr una mejor difusión, que la estrategia de spots que han lanzado hasta hoy y que han removido el hartazgo de los ciudadanos a todo lo que huela a partidos políticos.

En eso se debían aplicar más que a buscar impugnar el, por cierto, muy tibio llamado del árbitro electoral. La rectificación de esas rutinas, demagogia y simulación son indispensables para aspirar en este relevo de autoridades a un reinicio que pare la degradación social por tanta corrupción e impunidad.

De lo contrario, la suspensión de los spots quedará en un asunto anecdótico y para riesgo de todos, sin trascendencia alguna.

 

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jaime.barrera@milenio.com