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Primer director del Imeplan a prueba


Aunque seguramente mis amigos y respetados compañeros de páginas Roberto Arias de la Mora y Augusto Chacón, así como mis estimados integrantes de la Asamblea por la Gobernanza Metropolitana están inconformes con la designación de Alberto Orozco Ochoa, como el primer director del recién creado Instituto Metropolitano de Planeación, yo insisto en que tiene los méritos suficientes para darle al menos el beneficio de la duda y ponerlo a prueba.

Apenas el lunes pasado nuestro editorialista y director del Observatorio Jalisco Cómo Vamos pedía a nombre de diversas organizaciones ciudadanas que se modificara el estatuto del Imeplan, para que no fueran sólo los ocho alcaldes de la zona metropolitana los que designaran al director, como finalmente sucedió ayer, sino que la decisión se abriera a instancias no gubernamentales para evaluar a más candidatos.

Algo similar plantearon ayer en su publicación quincenal en MILENIO JALISCO, que ayer cumplió un año, nuestros amigos de Civitas, Taller de Gobernanza, en su artículo “El punto ciego de lo metropolitano”.

Como ya lo he expuesto aquí en este mismo caso, en distintas ocasiones, entre otros, en la elección de magistrados o consejeros de los distintos organismos autónomos al Poder Ejecutivo, he apostado por la designación por oposición tomando en cuenta la trayectoria, las credenciales e incluso la aplicación de exámenes.

Pero en este caso creo que se gana tiempo para echar a andar ya el muy pospuesto Imeplan, dándole un voto de confianza a Orozco Ochoa, quien en febrero de 2012 fue nombrado coordinador de la comisión por la coordinación metropolitana, y quien condujo, junto con Mario Silva y el propio Roberto Arias, el diseño institucional de este órgano que no tiene antecedente en México.

Considero que esta experiencia lo legitima, a diferencia del ex comisionado Arias quien sostuvo en el artículo que me dirigió el 25 de febrero pasado en estas mismas páginas “que ninguno de los profesionales que tuvimos la honrosa oportunidad de integrar la transitoria Comisión para la Coordinación Metropolitana somos imprescindibles en la nueva etapa que apenas habrá de iniciarse”.

Aunque la designación de ayer de Ochoa no puede llamarse “madruguete” ni “dedazo” porque el estatuto dicta que son los alcaldes los que tienen esa facultad, sería una muy buena señal que en cuatro años que toque la renovación o la ratificación del director del Imeplan se haga una convocatoria pública y abierta como reclaman distintos actores.

Mientras tanto, el primer director del Imeplan, puede estar más que supervisado a través del Consejo Ciudadano que también contempla el estatuto. Lo que hay que cuidar es que los 16 asientos que como mínimo tendrá, (dos por municipio) sean personajes de intachable fama pública y conocedores de temas urbanos.

Suerte pues a Alberto, quien tiene el reto de conciliar con ocho alcaldes y tomar decisiones que le demuestren al ciudadano que el Imeplan sirve para mejorar su calidad de vida. Por el bien de todos, ojalá lo logre.

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jaime.barrera@milenio.com