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Lo que el Papa Francisco dejó

Aunque el líder mundial de la Iglesia católica cumplió su promesa de "hablar claro" que hizo a su llegada a México el viernes pasado, sobre importantes temas de la realidad mexicana y su propia jerarquía religiosa, lo primero que habrá que decir es que en ambos campos decidió hacer delicadas omisiones.

Como era previsible, el primer Papa latinoamericano desplegó su carisma y calidez, y construyó su narrativa de la mano de la ruta elegida en su primera visita a territorio mexicano y de los auditorios que tenía enfrente. Esos mismos sitios y públicos hicieron más notorios los temas evadidos.

Destaca su discurso en Palacio Nacional en donde lo recibió el Presidente Enrique Peña Nieto y los invitados habituales a sus informes de gobierno, en los que Francisco criticó privilegios y corrupción que provocan pobreza, que retomó también el domingo en Ecatepec; memorable el del sábado en la Catedral Metropolitana con el regaño a los obispos por rendirse a los "faraones" y grillar debajo de la mesa y no cara a cara. Omiso sin embargo en el tema de la pederastia, que tampoco retomó en Michoacán en su encuentro con sacerdotes, religiosas y catequistas, pese a ser la tierra natal de Marcial Maciel, el más destacado exponente mexicano de esos abusos. Notable también su mensaje a los indígenas y el reconocimiento a Samuel Ruiz, en Chiapas, por el legado pastoral que dejó este religioso que impulsó siempre la teología de la liberación.

Valioso también su llamado a los jóvenes el martes en Morelia para no dejarse encandilar por los paraísos ficticios del narco, ese al que se ha referido como "mexicanizado" y productor "del pedacito de guerra" en nuestro País. El de ayer en Ciudad Juárez a los presos invitándolos a romper con el círculo de la violencia y del delito compartiendo el precio de la pérdida de libertad por su tropiezo. En ambas tribunas el Papa no quiso hablar explícitamente de víctimas, ni de feminicidios, ni de deparecidos, ni de los de Ayotzinapa ni de ningunos otros, y se limitó a condenar la trata de blancas.

Destacable también el llamado a empresarios ayer para que el lucro y el capital no estén por encima del bien común para no caer en la exclusión y combatir mejor la pobreza, y por el respeto a los migrantes con el que cerró en la misa binacional en la frontera Ciudad Juárez-El Paso, Texas.

Por otro lado, también como se veía venir, el Estado mexicano poco hizo para hacer respetar su constitucional carácter laico, de respeto a la separación Iglesia-Estado y trato igual a los distintos credos. Más bien la clase política, con el Presidente por delante se entregaron a la Papalotría al declararse guadalupanos a todo pulmón en redes y selfies de por medio. Se olvidaron así de los 20 millones de mexicanos que no profesan el catolicismo, y dieron un trato al Papa que nunca darán a otro líder religioso alguno.

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