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¿Nutre en Jalisco Pemex al "narco"?

La pregunta viene a cuento por el ataque de miembros de la delincuencia organizada a una misión de militares.

La agresión sobrevino momentos después de que decomisaron en el municipio de Guachinango más de mil litros de hidrocarburos robados de los ductos de Petróleos Mexicanos, que terminaron siendo los detonantes que acabaron con la vida de cuatro soldados y que los vehículos militares terminaran prácticamente en cenizas.

El ataque es sin duda uno de los más violentos en contra de una unidad militar y deja constancia de la gran capacidad de fuego que les da el giro de la explotación de tomas clandestinas de gasolina, actividad en la que los narcotraficantes han visto una muy redituable alternativa delictiva.

La noticia de que los militares fueron emboscados con fusiles de alto poder y granadas cuando llevaban los hidrocarburos para ponerlos a disposición de la delegación estatal de la Procuraduría General de la República, coincidió ayer con la visita a Jalisco de Emilio Lozoya, director general de Pemex, quien se vio obligado a hablar del tema y a reconocer que hasta abril se habían detectado tan sólo en 2014 “casi mil tomas clandestinas”.

Pese a que el funcionario federal aseguró que “se ha estabilizado el volumen de lo que nos roban”, es urgente hacer algo para poner un alto al hurto de gasolina de los ductos de Pemex, en el que Jalisco se encuentra en los primeros lugares (el quinto en 2013 con 227), y que implica toda una red de complicidades y de corrupción.

La zona de Guachinango donde ocurrió ayer el atentado contra los elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, es también una de las zonas de mayor siembra de mariguana en las que los militares han implementado operativos importantes de destrucción de plantíos.

El tráfico de hidrocarburos supone por decir lo menos, omisiones de funcionarios y ex funcionarios de Pemex, de las autoridades estatales y municipales, y de la complicidad de policías que ven circular tráileres y pipas por terracerías que conducen a los ductos sin mover un dedo para evitarlo. Este tema se ha tocado en varias ocasiones en las reuniones de seguridad del más alto nivel sin que haya resultados. 

No por nada, el secretario general de gobierno, Arturo Zamora Jiménez,  llamó ayer a los alcaldes a denunciar oportunamente la presencia de grupos armados que circulan en sus municipios sin que los molesten y urgió a que se apruebe la Fuerza Única Regional de la Fiscalía.

Pero para el crecimiento de este delito contribuye también la complicidad de muchos consumidores de la gasolina robada que en muchas comunidades de este y otros municipios compran a precios menores que los oficiales y que se distribuyen en irregulares expendios que representan una bomba de tiempo para los vecinos.

La comercialización de los hidrocarburos robados se conecta también con el robo de tráileres y pipas con las que surten incluso estaciones de servicio formalmente instaladas que son un negocio redondo para la delincuencia organizada.

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jaime.barrera@milenio.com