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Mercados: siniestros repetidos

Ciento cuatro años después, y en un contexto radicalmente distinto, el Mercado Corona quedó nuevamente devastado por un incendio.

Construido a fines del siglo XIX en la administración del gobernador Ramón Corona, quien murió asesinado y por ello las autoridades municipales decidieron que el mercado llevara su nombre, el fuego lo había dejado en ruinas ya en 1910.

Vino luego su reconstrucción, y a mediados del siglo pasado su remodelación, en la que quedó trunco el proyecto original que contemplaba un cine en la planta alta y un estacionamiento. A principios de la década de los 90 se autorizó la instalación de locales prefabricados en lo que era su plazoleta, pero el domingo las llamas colapsaron aquella misma estructura que acusó una clara falta de mantenimiento a lo largo de sus más de seis décadas de vida.

Por fortuna la desgracia sobrevino cuando el mercado estaba ya cerrado y no hubo pérdidas humanas que lamentar.

Desde luego que el siniestro a lo primero que obliga a las autoridades municipales es apoyar a los locatarios afectados en la definición de un sitio alternativo para continuar con la actividad que les dé sustento, así como definir los términos de la reconstrucción de ese espacio público, pero también exige revisar la operación y la viabilidad de los mercados municipales, no sólo en Guadalajara sino en toda la zona metropolitana.

Para muestra está ahí el techo que también colapsó en el mercado de la colonia Del Fresno o el conflicto que se vive desde hace semanas en el principal mercado municipal de Tlaquepaque que las autoridades quieren derribar porque aseguran que su estructura está dañada y representa un riesgo para locatarios y usuarios, y la oposición de los que ahí tienen sus comercios.  

Sin duda los mercados aportan vida a la identidad y la dinámica vecinal sobre todo en los barrios con mayor antigüedad de la metrópoli, pero es innegable las malas condiciones en los que la mayoría funciona porque los ayuntamientos argumentan no tener recursos para su mantenimiento y por las rentas prácticamente simbólicas que pagan sus locatarios, quienes con todo derecho defienden su fuente de ingresos.

Los mercados municipales han venido perdiendo la batalla comercial ante el creciente número de tianguis y de las llamadas tiendas de conveniencia que han extinguido incluso a las tradicionales tiendas de abarrotes.

Hoy se debe repensar la operación de los mercados más allá de la tradicional función de centros de abasto. Hay quienes proponen desarrollar proyectos de vivienda, educativos e incluso como espacios de difusión cultural que los reactiven y que los conviertan en nuevos centros de convivencia pública que contribuyan en la recuperación del tejido social.

Ojalá encontremos alternativas antes de que ocurra otro siniestro como el de la noche del domingo en el Mercado Corona.


twitter: @jbarrera4  

jaime.barrera@milenio.com