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Inundaciones impunes

Cada temporada de lluvias nos va peor.

No es que llueva más. Lo que pasa es que la metrópoli sigue creciendo en total desorden. Pavimentos donde no deben ir, más fraccionamientos y edificios sin renovar ni ampliar la infraestructura de drenajes a todas luces rebasados, mantenimientos deficientes en los sistemas de alcantarillados y una pésima cultura ciudadana de manejo responsable de la basura que generamos, hace que la ciudad colapse cada vez con menos lluvia y en menor tiempo. Eso ha quedado más que comprobado en lo que va del presente temporal, que por venir este año acompañado por el fenómeno de “El Niño” podría extenderse hasta diciembre.

Por ello es cada vez más urgente que hagamos entender a nuestra clase gubernamental y política que deben borrarse de la mente esa muy nociva idea de que las obras “enterradas” son poco redituables políticamente. Fijación que lleva a sus gobiernos a posponer construcciones indispensables para mantener el funcionamiento ordenado de la ciudad.

Así ha pasado con la inversión pospuesta por décadas para la renovación de los viejos drenajes y la instalación de los colectores pluviales que se necesitan en las nuevas áreas urbanizadas de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Esa irresponsabilidad ha degenerado en cada vez más frecuentes, numerosas y severas inundaciones y hundimientos que padecemos en las épocas de lluvia, que paralizan la ciudad y que cada día son más costosas y de riesgo para los ciudadanos. En este arranque de temporal van ya cuatro muertos y cientos de casas y vehículos dañados.

¿Quién responde por esas afectaciones al patrimonio que sufren, como casi todos los lastres, más los que menos tienen?

Es una impunidad inaceptable, como también es inadmisible que las autoridades de todos los niveles sigan evadiendo esta problemática y no prioricen en el presupuesto los recursos para resolverla.

En 2013, por ejemplo, el SIAPA calculó en 7 mil 500 millones de pesos la inversión necesaria para actualizar el equipamiento hidráulico: 5 mil millones de pesos para cambiar los mil 800 kilómetros de redes de agua que estaban en aquel entonces a punto de cumplir su vida útil, y que representaban casi el 30 por ciento del total del drenaje de la ciudad; y  para erradicar las cada vez más paralizantes inundaciones, era necesario la realización de 16 obras de colectores pluviales, que costaban 2 mil 500 millones de pesos.

Se habló incluso de un Programa Multianual de Inversión de Obras que ninguno de los alcaldes salientes atendió ni se tomó en serio. Sin visión de futuro y de auténtica vocación de servicio rechazaron empezar a resolver de raíz el problema y continuaron con la inercia de las posturas reactivas y de corto plazo que sólo han aumentado el número de damnificados cada tormenta.

¿Serán los próximos alcaldes de los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara los que se convenzan por fin de la rentabilidad política de evitar inundaciones?

Mañana más del tema.

jaime.barrera@milenio.com

http://twitter.com/jbarrera4