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¿Ignorará el auditor Godoy también a la LXI Legislatura?

Ahora que, apelando a la amnesia colectiva y a la apatía tapatía, en los sótanos y drenajes del poder los liderazgos de las viejas y nuevas generaciones de la clase política local afinan sus maniobras para buscar (aunque usted no lo crea), nombrar por tercera vez en forma consecutiva al cuestionado Alonso Godoy Pelayo, como titular de la Auditoría Superior del Estado de Jalisco, será muy interesante ver la reacción de este personaje a las observaciones que le hicieron llegar los diputados luego de la auditoría que aplicaron a su desempeño al frente de la ASEJ.

Desde luego, lo primero será ver hasta qué grado y profundidad quisieron llegar los diputados en esta revisión que iniciaron en febrero pasado, en un hecho que calificaron de "histórico" en la página oficial del Poder Legislativo, cuando comunicaron el acuerdo de los diputados que integran la Comisión de Vigilancia, con el que aprobaron la propuesta de Augusto Valencia, del partido Movimiento Ciudadano, de revisar el gasto de la ASEJ.

No hubo exageración en ese calificativo usado por los voceros del legislativo. Lo cierto es que estos diputados sorprendieron gratamente al convertirse en los primeros en romper con la sumisión que mantuvieron sus antecesores de las pasadas cuatro Legislaturas, que le solaparon y permitieron de todo al otrora intocable Godoy Pelayo, incluso la humillación pública de no responder a sus llamados a comparecer al pleno.

Pese a representar al órgano máximo de fiscalización en Jalisco, Godoy les dejó claro una y otra vez a sus jefes, los diputados, en esas distintas legislaturas, su desprecio a ellos y a la rendición de cuentas. Por eso, su actuar al frente de la ASEJ en ya más de una década, ha dejado toda una estela de dudas por el manejo discrecional que por años ha hecho de los recursos públicos, empezando por allá en 2010 cuando recibió de los diputados de la entonces Legislatura LVIII pagos extra sueldos por casi 10 millones de pesos.

Pero sin duda a los que más ignoró fue a los diputados de la pasada Legislatura, a los que ni siquiera respondió un acuerdo unánime en el que le pedían salir de la ASEJ por afectar por su "complicidad" con irregularidades la imagen del Congreso. Lejos de irse, Godoy se convirtió en el auditor estatal más caro del país gracias a que él mismo se autoasigna su sueldo y, sin justificación alguna, se mandó hacer un megaedificio para sus nuevas oficinas, sin dar cuentas a nadie. Cuando los diputados de la LX Legislatura lo citaron para que explicara, los plantó impunemente.

Por ello la pregunta es si los actuales diputados se dejarán también ignorar o lo harán cumplir la ley y rendir cuentas. Igual, ese hecho lo hace desistir de sus deseos de eternizarse en la ASEJ, y a sus promotores, de mantenerlo ahí para seguir gozando de una fiscalización a modo, que les permita canonjías y corruptelas con impunidad garantizada. Veremos si eso de cambiar la historia es una verdadera convicción o sólo la demagogia de siempre.

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