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Guadalajara puede estrenar amortiguadores

Sintetizo con esta analogía lo que puede significar para el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) la inclusión a la red de “100 Ciudades Resilientes”, a la que ingresó formalmente ayer luego de que el Gobernador, Aristóteles Sandoval, recibió ese nombramiento de parte de la Fundación Rockefeller, en Washington, como representante de las zonas metropolitanas de América Latina, incluidas entre las 33 que se integraron a este club de todas partes del mundo.

Este anuncio es sin duda una buena noticia para impulsar el incipiente esfuerzo por desarrollar, gobiernos y sociedad, una visión metropolitana que nos permita diseñar nuevos esquemas y herramientas para enfrentar los retos que tenemos como comunidad y para corregir las muchas malas decisiones que ha tomado la clase política y gubernamental en la historia reciente, con la aprobación implícita de una ciudadanía apática y que ha magnificado los efectos devastadores que nos ha tocado sufrir.

Inspiradas en el término psicológico de la “resiliencia” que refiere a  la capacidad de las personas de sobreponerse a periodos de dolor y su capacidad de adaptación a situaciones adversas, la inclusión de Guadalajara como “Ciudad Resiliente” es entonces el reconocimiento, por ejemplo, a la evolución que tuvo la ciudad y su comunidad luego de la peor tragedia colectiva que vivimos el 22 de abril de 1992 y que transformó para siempre nuestra vida social, política y cultural. Significa también, que bien que mal, los tapatíos han sabido sobreponerse a sus vulnerabilidades y trabajar para reducirlas: se han sabido adaptar a los efectos de las prolongadas crisis económicas y de inseguridad; e incluso se han sobrepuesto a años de corrupción e impunidad.

Nuestros amortiguadores actuales, pues, han resistido de todo y hoy tenemos la oportunidad de renovarlos. Porque la distinción de “Ciudad Resiliente” reconoce también los acuerdos políticos recientes que proyectan al futuro una ciudad que apuesta al crecimiento con otra lógica de mayor planeación urbana y que gire en torno de las nuevas líneas troncales de transporte público. Los recursos técnicos y económicos que la fundación Rockefeller aporta,  y el intercambio de experiencias y saberes de otras ciudades de esta red, pueden ser clave para consolidar andamiajes institucionales que estamos inaugurando como el Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan) en donde podría colaborar el director ejecutivo de Resiliencia que incluye el ingreso a este grupo.

Estamos, entonces, ante una gran oportunidad de incrementar con estrategias nuevas nuestra añeja, probada y reconocida capacidad de adaptación como comunidad. Ojalá que no la desaprovechemos o la echemos a perder por las rencillas y contiendas políticas por venir y podamos de verdad enfrentar los muy complejos problemas que quedan por resolver con amortiguadores nuevos. Eso nos dará mucho mayor estabilidad y cohesión social para resolver, por ejemplo, el reto de tener mejores gobiernos que queda claro en la Tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental del INEGI, que analizaremos mañana. (La última entrega de las Comunidades Terapéuticas prometida ayer la publico sin falta el martes próximo).

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jaime.barrera@milenio.com