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Cuando GDL arropó al "Chapo"

Las últimas revelaciones que han saltado luego de la tercera detención del capo más buscado del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán Loera, dejan claro que luego de más de tres décadas, Guadalajara y su Zona Metropolitana siguen siendo territorio estratégico para los movimientos del detenido líder del Cártel de Sinaloa.

Ayer en el video publicado en la página web de la revista Rolling Stone, donde el sinaloense responde el cuestionario que le dejó el actor Sean Penn, gracias a la mediación de la actriz mexicana Kate del Castillo, habla de sus inicios en el narcotráfico y cómo pasó de vender fruta y refrescos en la comunidad de La Tuna, en el municipio de Badiraguato, al cultivo de mariguana y de amapola. De su llegada a Culiacán, la capital sinaloense, para luego avecindarse en Guadalajara donde consolidó su carrera delictiva.

Se refería a la década de los ochentas, cuando los entonces líderes del Cártel de Sinaloa, que formó su tío Pedro Avilés Pérez veinte años antes, decidieron cambiar su residencia y base de operaciones a nuestra ciudad.

Fue aquí en la capital jalisciense donde se desarrolló la segunda generación de esta organización criminal que encabezaron Ernesto Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero (liberados de prisión en este sexenio) y Miguel Ángel Félix Gallardo, de quien el alumno destacado fue justamente el sinaloense recapturado por segunda ocasión en Los Mochis el pasado fin de semana.

Con la complicidad de la clase política, gubernamental, policial y empresarial este grupo delincuencial se instaló sin problema en Jalisco y su poder corruptor y de impunidad degeneró en las primeras crisis de seguridad en el estado.

Aquí protagonizaron una cruenta batalla por el control de la plaza que desembocó en el Caso Camarena en la mitad de los ochentas y continuó en los noventas con la disputa por la plaza que tuvieron contra los hermanos Arellano Félix, líderes del Cártel de Tijuana. Una de sus batallas provocó en 1993 el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el aeropuerto tapatío y múltiples ajustes de cuentas en céntricas avenidas a plena luz del día.

En nuestra ciudad y en Jalisco compró numerosas residencias, ranchos e invirtió en empresas de muy distintos giros. Célebre fue aquella inmensa casa de campo que tenía a las orillas de San Agustín, en Tlajomulco, donde amenizaban los artistas del momento en sus fiestas y en el que se descubrió el más grande narcozoológico.   

Fue del penal de alta seguridad de Puente Grande donde se fugó la primera vez aquel sábado 19 de enero de 2001, y donde decidieron quedarse a vivir sus descendientes. Fue aquí donde una de sus hijas hace unas semanas quiso patentar el apodo de El Chapo para negocios futuros, incluida su frustrada incursión en el cine.

Y fue también Guadalajara la ciudad que El Chapo eligió para citar a Kate del Castillo, (esta actriz atrapada hoy entre la ficción de la Reina del Sur y la seducción del capo detenido)  y que iniciara junto con Penn desde aquí,  su odisea hasta el triángulo dorado donde ansiaba verla para beber tequila.


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jaime.barrera@milenio.com