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De la FEG al Central Park tapatío

Los misterios de la sede fegista que planteé ayer aquí desaparecerán para siempre.

No sólo porque por fin el gobierno estatal saldrá a explicar los motivos de las obras en la finca de Carlos Pereyra 100, que MILENIO JALISCO reveló esta semana, sino porque anunciarán, casi literalmente, una bomba que la demolerá.

Resulta que los trabajos que iniciaron hace días con todo sigilo en el inmueble enclavado en la Colonia Miraflores, atrás de la Escuela Normal de Jalisco, no eran para remodelarlo, sino para colocar en su estructura explosivos y derribarlo.

Con la caída del edificio que albergó desde 1971 a la Federación de Estudiantes de Guadalajara, que deja más malos que buenos recuerdos, se sepultarán 43 años de historia de un edificio que marcó época en Jalisco, y que desaparecerá en la degradación total, al descubrirse en el 2011 que estaba convertida en fosa común de estudiantes que se negaban al pago de cuotas por el derecho de piso y como guarida de un pseudogrupo estudiantil cuyos últimos dirigentes se encuentran prófugos.

Como lo recordábamos ayer el edificio se proyectó en 1969 como premio a la docilidad que tuvo la entonces poderosa FEG ante la masacre estudiantil de 1968 en Tlatelolco.

La mudanza se dio hasta 1971, cuando con recursos federales, estatales y municipales se les construyó a los fegistas su edificio sin mayores trámites que los designios de la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, y la sumisión del entonces gobernador Francisco Medina Ascencio, y el rector de la Universidad de Guadalajara, Ignacio Maciel Salcedo.

Llegaron ahí por otra demolición, arbitraria y lamentable para el patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad, y que se hizo de noche como suelen hacerse los actos autoritarios y arbitrarios: la Escuela de Música ubicada en Pedro Moreno y Enrique Díaz de León, en la que estaban las primeras oficinas de la organización estudiantil que fundó Carlos Ramírez Ladewig en 1950, y que se derribó para construir la actual torre administrativa universitaria.

De lo que será el predio que quedará libre tras la demolición del legendario edificio fegista, donde igual se promovió el socialismo o muerte, se planearon campañas políticas y acciones de gobierno, así como “bajes” a repartidores de cerveza y refrescos, tráfico de influencias y de vehículos sin placas y demás prácticas porriles y gangsteriles, así lo dejó entrever ayer el secretario de educación, Francisco Ayón, cuando le pregunté del tema en MILENIO RADIO:

“El gobierno estatal y el gobierno municipal han generado una inversión importante en la zona (La Normal); (…) un parque lineal que ha sido muy bien recibido por todos los vecinos. Yo creo que el gobernador y el presidente municipal están pensando en seguir en esa línea de trabajo en apoyo de los habitantes de esa zona”.

Es pues la desaparición del búnker fegista para ir por el Central Park tapatío.

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