Radar

¿Devolverá Trump la cortesía a Peña Nieto?

Cuando la noche del martes se perfilaba, contra todos los pronósticos, el triunfo en Estados Unidos del candidato republicano Donald Trump, opositores políticos del Presidente Enrique Peña Nieto recordaban y le reprochaban en redes el haber impulsado su campaña político electoral en su peor momento, al haberlo invitado a Los Pinos, pese a que parte medular de su oferta a los electores eran acciones contra los mexicanos y contra el País, como su promesa de construir un muro en la frontera. Eso le ayudó a ganar, le reclamaban.

Al mandatario pareció importarle poco estas críticas. Ayer salió a dar su opinión sobre el triunfo del magnate, a la misma sala de prensa de la residencia oficial donde el 31 de agosto pasado apareció acompañado de él, y cuando ya la irritación popular se manifestaba en muchas partes del País por aquella inexplicable invitación, que le costó el puesto a su más cercano y poderoso colaborador, Luis Videgaray, quien tuvo que dejar Hacienda, por ser considerado el autor intelectual del encuentro.

Peña no se refirió a aquella temeraria reunión, pero anunció en cambio que había llamado al que será el presidente 45, y que tras felicitarlo, en un tono “cordial, amable y respetuoso” acordaron poner en contacto a sus equipos para diseñar la agenda de la relación bilateral, y lo más importante de la charla telefónica: que le pidió tener una reunión personal, “preferentemente” en el periodo de transición, es decir, antes del 20 de enero del 2017 que llegue a la Casa Blanca.

Más allá de que Trump haya recordado a Peña Nieto en el tercer debate con Hillary Clinton el 19 de octubre pasado como “un señor muy agradable” con el que había tenido una muy buena reunión, habrá que recordar que ya le volteó la espalda. Fue la noche misma de su visita a Los Pinos, donde a pesar de que no se habló del muro, ya de regreso en EU en un mitin, reiteró que los mexicanos lo pagarían aunque “no lo sabían”. Afirmación que se tomó como una burla a sus anfitriones de hacía apenas unas horas.

Por eso será muy interesante seguir cómo procesan en el equipo de Trump esta petición del presidente mexicano y si finalmente la agendan antes de asumir la presidencia de Estados Unidos. De hacerlo, sin duda, sería una especie de agradecimiento a la cortesía que le hizo el gobierno mexicano, y por la que pagó un alto costo político y desgaste de imagen.

Sin duda también será un indicador de la importancia que dará a su relación con su País vecino y si de verdad desea arreglar los agravios que provocó su discurso antimexicano de campaña. De ignorar la propuesta, será sin duda una mala señal, que tendrá que hacer reaccionar y reconsiderar la serenidad con la que las más altas autoridades mexicanas: el titular de Hacienda, del Banco de México, la de Relaciones Exteriores, y el Presidente saludaron la llegada del xenofóbico ex candidato, y su confianza de que moderará acciones y discursos.

En 72 días sabremos si hubo o no muestras de esa presunta buena voluntad.

jaime.barrera@milenio.com

twitter: @jbarrera4