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Cumpleaños cicatriz

Como para que no quede duda que las reglas no escritas del PRI siguen estando más vigentes que nunca en su regreso al poder en Jalisco, luego de tres sexenios en la banca, el Gobernador Jorge Aristóteles Sandoval aprovechó su cumpleaños la semana pasada para hacer una gran operación cicatriz, finalizado el primer reparto de las candidaturas priistas que le toca como titular del Ejecutivo, de cara al proceso electoral del 2015.

A la multitudinaria “comida de amigos” que le organizó un grupo de colaboradores cercanos encabezados por el secretario de Educación, Francisco Ayón, y el coordinador de los diputados priistas, Rafael González Pimienta, el viernes pasado en el salón Trasloma, al que acudieron cerca de tres mil priistas de todo el territorio estatal, se le pueden dar varias lecturas.

La primera es la ratificación de lo que dicta la tradición priista de que en las entidades donde cuentan con gobernador, este se convierte de facto en el priista número uno del estado, muy por arriba del formal dirigente estatal. Desde esta posición se encargó de que se convocara a un evento político partidista que en número de asistentes, no se veía en Guadalajara desde los tiempos del partidazo.

Así el festejo del cumpleaños 41 del mandatario estatal sirvió para tratar de mostrar músculo político y presumir ser el partido político con más estructura territorial de los que estarán en contienda este año. Para evitar que la estrategia se les revirtiera dieron la instrucción de que nadie llegara con vehículo oficial, al menos con logotipos del gobierno estatal, y aseguraron que el lugar, los meseros, la comida, la bebida y el mariachi fueron aportaciones voluntarias de algunos priistas y donaciones de empresarios, como para atajar eventuales críticas de desvío de recursos públicos para un acto partidista.

La otra lectura es la que más importancia tiene para los priistas internamente y en lo que se juegan su futuro en las próximas elecciones: la unidad y la conjura de divisiones internas que provoquen el fuego amigo como las campañas de brazos caídos con la que los aspirantes a alguna posición que se quedaron sin ella, le cobran la factura al partido, y a su competidor priista que les ganó la candidatura, que han sido factor fundamental para la derrota en anteriores elecciones.

Por eso Aristóteles y sus principales operadores se encargaron de que el acomodo de los comensales siguiera la lógica de que los más cercanos al gobernador, fueran los que no lograron las candidaturas por las que suspiraban, para asegurar su inclusión en las campañas y evitar sismas y fugas a otros partidos.

“Saludo a mis amigos de una y mil batallas”, les dijo el mandatario a los presentes antes de recorrer y agradecer mesa por mesa  a los asistentes a su cumpleaños, que se convirtió en un virtual arranque general de las campañas priistas, en un contexto político nacional en el que a diferencia de hace tres años, el factor Enrique Peña Nieto, lejos de ayudarles les significará toda una loza.

Ya veremos si la unidad exhibida en la fiesta de cumpleaños de Aristóteles se refleja también en las campañas priistas, y en las urnas.

 

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jaime.barrera@milenio.com