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"El Chapo narcotiza" al "peñanietismo"

La segunda fuga de Joaquín El Chapo Guzmán  es un fuerte golpe que vuelve a tambalear al gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, ya que remueve nuevamente la crispación y el hartazgo social (por más que se oculte en el humor de los Memes en las redes sociales) por cómo la profunda penetración de la corrupción y la complicidad de las autoridades con la delincuencia organizada, causa la descomposición ya no sólo de gobiernos locales sino incluso del Estado Mexicano.

Este bochornoso asunto  terminó también por hacer añicos lo que quedaba del “Mexican moment” y de aquel intento del gobierno del regreso del PRI al gobierno federal, de desnarcotizar el discurso presidencial y minimizar el tema de la narcoviolencia y la narcocorrupción para dejar todo el escenario a la promoción de su ciclo reformador.

En sus últimas giras internacionales, como la que iniciaba el domingo en Francia cuando lo sorprendió el escape del líder del Cártel de Sinaloa, el presidente debe hacer ya más bien frente y responder a escándalos de este tipo, que en el caso de El Chapo, se agudizó por aquella entrevista que en los tiempos del optimismo desbordado de febrero de 2014, días después de la captura, aseguró que una nueva fuga de uno de los capos más buscados de México y el Mundo sería imperdonable.

Es pues un eslabón más de una cadena de sonados fracasos que siguen erosionando la imagen del gobierno peñanietista y aumentando la crisis de confianza que detonó luego de los oscuros episodios como el de Tlatlaya y  la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y que se agravó con las aún no aclaradas adquisiciones de la familia presidencial y sus principales colaboradores, de residencias millonarias que les vendieron proveedores de gobierno.

A la huída del penal de alta seguridad del Altiplano habrá que quitarle cualquier connotación heroica o de hazaña, y exigir al gobierno una investigación y el deslinde claro de responsabilidades de los altos funcionarios que necesariamente debieron estar coludidos para permitir esta segunda evasión, y que no nos pase lo que sucedió con las investigaciones de la fuga de Puente Grande en 2001, que no pasó de funcionarios del propio penal.

Es lo mínimo que el Presidente puede hacer para tratar de superar esta nueva crisis, que no resolverá con más discursos o buenas intenciones como el decálogo que presentó en noviembre pasado al Congreso y con el que no ha pasado absolutamente nada.

No hacerlo así implicaría también un alto riesgo para la seguridad del País y el manejo de las fuerzas armadas y cuerpos policiales federales que vieron como un golpe demoledor en el ánimo de sus tropas la segunda fuga de El Chapo, a quien les exigen recapturar antes de que trate de recuperar y consolidar el principal Cártel de la droga en México.

Ojalá el gobierno federal sepa despertar de la narcotizada que les puso esta segunda marcha de su preso número uno.

 

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com