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¿Algún pasajero para el vocho de Mujica en Jalisco?

Mientras trabajamos en la muy buena idea que nos propuso ayer nuestra consejera Natalia Juárez, de tratar de definir y publicar un decálogo ético del político (en la extraordinaria sesión que tuvimos en el bicentenario Hospital Civil gracias a la invitación de nuestro también consejero Alfonso Gutiérrez Padilla y a la muy cálida atención que recibimos de su director Héctor Raúl Pérez Gómez y su equipo),  lo que pensé de entrada es partir del ejemplo vivo que en este tema representa el ex guerrillero tupamaro José Mujica Cordano, que pese a fugarse dos veces de la cárcel duró preso 13 años, y quien apenas esta semana dejó de ser el presidente de Uruguay.  

Creo que a la propuesta de Natalia, muy oportuna por las campañas electorales a la vista, y por el momento de “desconfianza e incredulidad“ de los mexicanos a su clase política que reconoce en el extranjero el propio Presidente Enrique Peña Nieto, le viene muy bien el legado de autenticidad del ex presidente uruguayo, que tras entregar el poder a su correligionario Tabaré Vázquez regresó a su modesta vivienda en su vocho azul, dando ejemplo mundial de congruencia entre su decir y su hacer.

Dos potentes ideas, que puso en práctica todos los días de su gestión, dominaron las entrevistas que dio a medios de todo el mundo las últimas semanas de su mandato:

“A los que les gusta mucho el dinero hay que correrlos de la política porque son un peligro. A los que les guste mucho la plata que mejor sean empresarios o profesionistas en el ámbito privado”; y “que los presidentes tenemos que vivir como vive la mayoría y no como la minoría, porque la política es la lucha por la felicidad de todos”.

Este discurso diseñado sobre una profunda convicción y concepción de la mística de servicio que debe tener todo funcionario público, como sostenía ya en nuestro país la doctrina juarista de la honrosa medianía,  contrasta sonoramente con aquella máxima del profesor priista Carlos Hank González, fundador del grupo Atlacomulco del que salió Peña Nieto, “de que todo político pobre era un pobre político”. Principio que por lo que vemos y padecemos, no sólo siguieron los priistas sino los políticos de todos los colores, y por cuyos excesos están sumidos hoy en el descrédito.

Por eso la pregunta es: ¿quién de los políticos actuales o los que quieren el voto ciudadano en junio están dispuestos a vivir en la medianía que da el sector público ¿Cuál se compromete a subirse al vocho azul de Mujica?

twitter: @jbarrera4   

jaime.barrera@milenio.com