Musicópata

A falta de pan, tributos

La creciente oferta de conciertos dedicados a revivir el impacto de grandes estrellas del pasado obedece a un cambio en la música: de la imitación estamos pasando al tributo, un homenaje que el público le rinde a los artistas legendarios a través de los imitadores, algo que parece ser lo mismo, pero no es igual.

El público actual que asiste a los espectáculos de tributo tiene una actitud distinta a la del que va a ver a un imitador: el espectador del tributo no asiste para ver al imitador, va predispuesto a vivir la ilusión de que está viendo al artista original recreado por el imitador.

Este fenómeno se está dando por todo el mundo y ha sido detonado por varios factores.

Por un lado, la multiplicación y fragmentación de los medios de comunicación hacen que hoy sea muy difícil conectar con grandes mayorías. Los nuevos artistas no pueden alcanzar los niveles de impacto y popularidad que se lograban antes cuando programas como Siempre en Domingo o El  Show de Ed Sullivan captaban a la mayoría de los televidentes. Para lograr eso hoy un artista tendría que aparecer en cientos de medios —electrónicos, impresos y digitales—, una tarea desgastante y casi imposible. Por eso escasean nuevas estrellas con la contundencia de las del pasado, ni en los conciertos se concentra la masa crítica necesaria para crear aquel mágico frenesí.

Por otro lado, hay un sector de público joven que reclama el derecho a sentir la emoción de cosas que sucedieron cuando ellos aún no habían nacido. Estas nuevas generaciones no tienen prejuicios ante los artistas de tributo: si cantan y tocan bien, si respetan el concepto original y emocionan, ya no les importa tanto si no es el artista primigenio.

El auge de los espectáculos de tributo parece ser la señal de que el público está extrañando algo que se ha ido perdiendo y quiere volver a encontrarlo. Es evidente que el entorno mediático del nuevo siglo, a pesar de sus avances, no está funcionando bien para crear superestrellas de gran convocatoria, por ello, a falta de pan, tributos.

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