Mitos y mentadas

Negociaciones en el reinado Trump 1

Independientemente de los adjetivos vertidos sobre la naciente administración Trump, la realidad es que las negociaciones que vienen, serán muy distintas. Es diferente negociar con políticos de carrera que con empresarios, sobre todo si estos han hecho sus fortunas en Nueva York. En relación a esto, quiero compartir esta anécdota.

Después de la privatización del control corporativo de Telmex (corporativo, no patrimonial; son totalmente diferentes) que estaba bajo mi responsabilidad, el gobierno mexicano tenía más de 30% de las acciones. Uno de los objetivos de la privatización, era colocar éstas en la bolsa de New York (NYSE), para abrirle la puerta a las corporaciones mexicanas. Hasta entonces, ninguna empresa nacional cotizaba en la NYSE (Telmex cotizaba en la Bolsa Mexicana de Valores y "over the counter"en USA). Existía, por lo tanto, presión para que la colocación fuera exitosa.

Una vez conocido el consorcio controlador, se hizo el "road show"para interesar a inversionistas mundiales en la compra de acciones de Telmex. Este terminó el viernes 10 de mayo de 1991 en Nueva York y esa noche nos reunimos con nuestro colocador global, Goldman Sachs (GS), y definimos que la colocación sería la semana siguiente. El único día que no era bueno, nos dijeron, era el viernes: los inversionistas dejaban Manhattan temprano. Decidimos entonces, a sugerencia de GS, que la colocación primaria fuera el martes 14.

El precio de la acción había subido sostenidamente por semanas, hasta llegar a 3.37 dólares el lunes 13 de mayo. Al día siguiente, al iniciar las operaciones, la acción empezó a caer y siguió cayendo por horas. La colocación sería a las 16:00 horas y a mediodía Telmex ya cotizaba por debajo de 3.10 dólares. Pregunté a Tom Tuft (operador principal de GS) qué sucedía, a lo que respondió: "el mercado es el mercado". Quise saber entonces si el "mercado" sabía que haríamos la colocación ese martes y él respondió que no, que solo ellos y nosotros estábamos al tanto. Dado que los colocadores hacen el llamado "libro", en donde anotan los pedidos en firme, y nos habían dicho que teníamos una demanda de más de tres a uno, no entendía cómo nuestro papel seguía cayendo.

A las 13:00 horas, le dije a mi colega Raúl Solís que me iría a correr a Central Park. Él se sorprendió. "¿Cómo harás eso?" dijo: "en tres horas hacemos la colocación y no tendrás tiempo de ir y volver". Sí, ya lo sé, respondí; pero, ¿quién dijo que tiene que ser hoy la colocación?, "GS lo sugirió y nosotros lo aceptamos", respondió. Pero nadie lo sabe, reviré; y según GS el viernes es el único día malo, así que tenemos dos días más para hacer la colocación.

No habían pasado unos minutos cuando yo entraba al elevador y llega Tom Tuft para preguntarme por lo que había dicho a Raúl. "¿Cómo que no saldría al mercado?" Es correcto, esperemos. Ustedes nos dijeron que solo hay un mal día para colocar y todavía tenemos tiempo. A no ser, dije entonces, que ya le hayan dicho a alguien que colocaríamos hoy. El hombre dijo que por supuesto que no, y me pidió que me quedara, al menos media hora, a lo que finalmente accedí.

Minutos después de esa decisión, el precio de la acción comenzó a subir, como si todos los anotados en el libro hubieran tenido un instante conjunto y simultáneo de iluminación. La acción de Telmex no paró de subir durante el resto de la tarde hasta llegar a 3.41 dólares a las 16:00 horas, el precio al que finalmente se colocó.

¿Qué pasó? Se los dejo a su imaginación, pero yo diría que fue una buena negociación.