Estira y afloja

El recorte en Pemex

El recorte de 62 mil millones de pesos representa una baja de 11.5 por ciento a los 540 mil millones autorizados por el Congreso de la Unión a Petróleos Mexicanos (Pemex) para operar como empresa productiva. Esta decisión, más un mercado con tendencia de bajos precios del crudo más allá del corto plazo, obligará a la petrolera a emprender cambios radicales en su plan de negocios.

Los analistas globales observarán con detalle la nueva estrategia para enfrentar el adverso entorno que implementa ya el titular de Pemex, Emilio Lozoya, que obligará a la empresa a revisar programa por programa y fortalecer el esquema de compartir riesgos de inversión y gastos vía alianzas con empresas privadas mexicanas y extranjeras.

Esos dos puntos se convertirán en el eje central de la renegociación de contratos vigentes anunciada ayer por la petrolera, con apego a la ley y a la práctica que rige en la industria de hidrocarburos mundial. Estamos hablando de prestación de diversos servicios y sobre todo renta de quipo y de plataformas de exploración y producción.

No serán fáciles las negociaciones que ya empezaron. Un objetivo será afectar lo menos posible la producción petrolera y de gas, y por lo mismo hay conciencia de que algunos contratos a revisión no podrán modificarse.

El esfuerzo de ahorro se focalizará sobre todo en plataformas petroleras, en las que la renta implica gastos por 500 mil dólares diarios en promedio por cada una de las 200 plataformas que, se considera, están en uso. Se negociará por igual con Halliburton que con Grupo R, de Ramiro Garza, o Swecomex, de Carlos Slim.

Otro efecto negativo para Pemex se refiere a la decisión de diferir la reconstrucción de las tres principales refinerías en el país: Salamanca, Salina Cruz y Tula; solo en esta última se habían anunciado inversiones por 4 mil 600 millones de dólares en diciembre pasado.

De hecho, Pemex tenía previsto inversiones por 20 mil millones de dólares en estas refinerías para disminuir las importaciones de gasolinas y ofrecer un producto más amigable al medio ambiente, de menor contenido de azufre, a pesar de utilizar el crudo más pesado, el Maya. Las proyecciones de Pemex Refinación señalaban que los proyectos de Tula y Salamanca iniciarían en 2018 y el de Salina Cruz en 2020.

Un dato más: se mencionaba que en 2015 concluirían ocho nuevas plantas de gasolinas y en 2018 cinco nuevas plantas de diésel. Supongo que también quedaron diferidas. México seguirá importando gasolinas en mayores cantidades y por varios años.

jesus.rangel@milenio.com