Estira y afloja

El optimismo del FMI y de Ruiz Sacristán

Al actualizar las perspectivas para la economía mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé que México crecerá 3.2 por ciento este año y 3.5 por ciento en 2016. Representa un ligero ajuste a la baja de 0.3 puntos porcentuales en ambos casos.

Jaime Ruiz Sacristán, presidente de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), autodefinido como optimista, estima que este año el crecimiento del PIB en México estará entre 3.2 y 3.8 por ciento, y que pocas economías del mundo alcanzarán estos niveles. “Estaremos por arriba del promedio de la OCDE”.

De acuerdo con el FMI, este año tendrán tasas mejores que las de México los siguientes países: Estados Unidos, 3.6 por ciento; Nigeria, 4.8; China, 6.8, y la India, 6.3 por ciento. Entre las naciones que no llegarán a los niveles de México están Alemania, Francia, Italia, España, Japón, Gran Bretaña y Canadá.

El presidente de la BMV y Juan Oriol Bosch, su director general, comparten el mismo criterio: que el impacto negativo de la caída del precio promedio de exportación de petróleo del país no afectará la economía nacional este año, y que en 2016 el efecto se resentirá, pero no en niveles mayores.

El informe del FMI establece que los “países que exportan petróleo —cuyo ingreso fiscal por lo general está alimentado sustancialmente por la actividad de este sector— están experimentando shocks más profundos en proporción con sus economías. Los que acumularon fondos sustanciales cuando los precios eran más altos y disponen del espacio necesario pueden permitir que los déficits fiscales aumenten, y aprovechar esos fondos para que el gasto público se ajuste más gradualmente a la caída de los precios. En otros países la principal estrategia a la que se puede recurrir para amortiguar el impacto del shock es permitir una depreciación sustancial del tipo de cambio. Algunos tendrán que reforzar los marcos monetarios para evitar que la depreciación pueda conducir a una inflación persistentemente más alta
y a una nueva depreciación”.

Me parece que, en efecto, creceremos este año más que en 2014, sobre todo por el impulso de inversiones en infraestructura, en el sector de energía y en telecomunicaciones. Tengo mis dudas sobre las afirmaciones generalizadas de que las finanzas públicas federales no saldrán afectadas, aunque ya se sabe que disminuyen las participaciones a los estados y que Pemex, como lo dije aquí, se tendrá que rascar con sus propias uñas, porque ninguno de los dos cuenta con el seguro petrolero.

jesus.rangel@milenio.com