Estira y afloja

La inseguridad y el petróleo

Cada mes, en los últimos 12, los especialistas en economía del sector privado encuestados por el Banco de México han señalado que la inseguridad pública es el principal factor que puede obstaculizar el crecimiento económico.

Ese factor puede convertirse en un obstáculo serio para el éxito de la reforma energética y la participación de particulares en el sector, que por primera vez pueden hacerlo a través de la Ronda Uno, lanzada el pasado 11 de diciembre por la Comisión Nacional de Hidrocarburos.

Gabriel Casillas, director general de análisis económico, y Delia Paredes, directora ejecutiva de análisis y estrategia del Grupo Financiero Banorte, hablan de los riesgos para implementar la reforma energética:

“La tendencia a la baja de los precios del petróleo reduce el atractivo de los proyectos en aguas profundas, así como de la explotación del gas de lutitas o gas shale en el corto y mediano plazos. Sin embargo, esperamos un gran interés por parte de los inversionistas para proyectos en aguas someras y campos terrestres, como los que se anunciaron recientemente.

“Adicionalmente, el gobierno enfrenta una grave situación de inseguridad que genera riesgos importantes. En nuestra opinión, tiene una ‘oportunidad de oro’ para llevar a cabo una reforma al sistema judicial mexicano y lograr instaurar un estado de derecho. Una reforma así serviría de catalizador para lograr la instrumentación de las reformas estructurales aprobadas. Desafortunadamente, de no lograrse, el impacto de dichas reformas puede verse reducido significativamente.”

El mensaje es muy claro. Habrá que ver si Pemex no decide modificar sus planes de colocación de instrumentos de inversión en el mercado local. Durante el primer trimestre tiene previsto hacerlo con 35 mil millones de pesos.

Por lo pronto hay que aplaudir la tecnología desarrollada por el Instituto Mexicano del Petróleo, conocida como Hidro-IMP®, que permite producir crudos ligeros a partir de crudos pesados, con bajos costos en inversión y operación, y una rentabilidad atractiva.

Consiste en incorporar hidrógeno al petróleo crudo para mejorar sus propiedades físicas, a fin de facilitar su refinación y aumentar su valor; ya se hicieron múltiples pruebas exitosas en Nueva Jersey. El 54 por ciento de la producción en México es de crudo pesado.

La aplicación de esa tecnología representa beneficios económicos de más de 30 por ciento respecto a procesos convencionales. Ya se patentó en México, EU, Singapur, Rusia y Australia, y está en trámite en otros países. 

jesus.rangel@milenio.com