Estira y afloja

Renunciar, opción de Lázaro Cárdenas

Mañana se conocerá a los ganadores particulares de los contratos de producción compartida de hidrocarburos de la licitación de la primera convocatoria de la Ronda 1. Se marcará en la historia el regreso de empresas privadas a la exploración y producción petrolera como antes de la expropiación petrolera.

Eduardo Suárez fue secretario de Hacienda en el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas. En su libro Comentarios y recuerdos (1926-1946) destaca la firma de un contrato con la empresa petrolera El Águila y Petróleos Mexicanos conocida como Petro-Mex.

“En este contrato se establecía una explotación unitaria de todo el campo entre el gobierno federal y El Águila. Ésta se comprometía a perforar en lotes concesionados directamente, dando al gobierno federal una regalía que variaría del 35 por ciento por algunos lotes al 15 por ciento por otros, estableciendo fechas en que se deberían hacer las respectivas perforaciones, que empezarían inmediatamente después de la firma del contrato, y garantizando al gobierno federal un mínimo de producción de 200 mil toneladas de petróleo que, en caso de que no se obtuviese en los pozos materia del contrato, El Águila proporcionaría de su propia producción en otros campos”.

El funcionario recuerda que la expropiación “no tuvo su origen en la vieja discusión acerca de la propiedad del subsuelo y de las leyes petroleras que establecieron el uso y la explotación del petróleo”. El origen fue “meramente laboral”.

Al secretario Suárez le correspondió explicar al Consejo de Ministros la decisión presidencial de expropiar los bienes de las empresas petroleras ante la intransigencia para negociar con los trabajadores y concluir la huelga que de prolongarse “tendría la consecuencia de paralizar la economía nacional”.

El apoyo fue absoluto y se firmó la expropiación. Comenzaron también las negociaciones con empresas de Estados Unidos y Gran Bretaña, con intervención de los respectivos gobiernos.

Eduardo Suárez establece que había negociaciones tensas con el gobierno del presidente Franklin Roosevelt y la posibilidad de no llegar a ningún acuerdo. Y escribe en su libro: “el señor Presidente me manifestó que defendería hasta lo último nuestra posición, usando todos los medios que el derecho internacional ponía a su disposición, y que si fracasaba complemente y Estados Unidos recurría al argumento último de usar la fuerza, él no comprometería al país en una lucha armada con Estados Unidos que, dada la desproporción de las fuerzas entre ambos países, no podría sino tener un resultado desastroso para nuestro país; que en esas circunstancias el renunciaría al poder para que un tercero cediese a las exigencias de los americanos hasta donde fuera necesario”.

 

jesus.rangel@milenio.com