Un ojo al gato

“Me voy”

He llegado a la conclusión de que todos los papás que tienen hijos de mi generación se contradicen con frecuencia. Hace poco empecé a comentarles a mis amigos las intenciones que tengo de salirme de casa y tener la oportunidad de vivir sola o con unos roomies... todos llegamos a un mismo punto: los cuestionamiento, las dudas y los miedos que sienten los papás ante esa noticia.

Y mientras pensaba en cómo decírselo a mis padres, me fue inevitable imaginar la escena y la sensación que iba a ocasionar, cómo ellos dos iban lentamente a llenar el cuarto de miedo e incertidumbre pero, sobre todo, el diálogo o mejor dicho el monólogo que tendrían conmigo; evidentemente no tendré tiempo de defender mi caso.

¿Por qué?, ¿qué te hace falta?, ¿no entiendo el por qué de esta decisión?, ¿te sientes incomod@ en tu propia casa? Y luego pasaremos a comentarios como: "no se me hace una decisión prudente", "mejor deberías de pensar en ahorrar", "es un riesgo, algo te puede pasar".

Sin embargo, de algo estoy segura: estos papás han hecho algo bien porque gracias a ellos somos independientes, nos aconsejaron de buena manera y por medio del ejemplo nos prepararon para hacer frente al mundo y a las problemáticas que se presentan. Nos enseñaron que la única limitante que realmente existe en la vida es uno mismo.

Entonces ¿por qué hoy les cuesta trabajo aceptar la idea de que queremos vivir solos? Es una realidad, vivir solos o con unos amigos implica un riesgo. Pero si esto no nos detiene es gracias a ustedes que tenemos el valor de hacerlo, ya que nos enseñaron a ser independientes.

Esto es parte de sus enseñanzas, hemos aprendido a vivir y disfrutar todas las experiencias que tenemos. Este gran paso que queremos dar no es por locura nuestra, ni porque queramos hacer fiesta todos los días o porque estemos cansados de sus reglas.

Este cambio también nos cuesta trabajo y nos da miedo, ya que sabemos que implica dejar atrás la comodidad que tenemos; puede ser que hoy, mañana o el próximo mes lleguemos y les digamos: "¡Me voy de la casa! No es rebeldía, es porque queremos aprender a ser más independientes, tener mayor organización y disciplina en nuestro día a día".

Así que cuando uno de nosotros les digamos que estamos pensando en salirnos de la casa, preocúpense, pero también confíen en nosotros porque sabemos que:

¡Siempre podremos regresar a casa!