Un ojo al gato

“Entre el diablo y el duende”

¡A mí el diablo me quiere llevar!... me dijo Paco de 21 años

Ante mi asombro, le pregunté ¿A qué se debe ese comentario?

-Pues el otro día estaba lavando la casa y de repente nada más veo pasar a un hombre muy alto, cuando me volteo para ver quién era, me doy cuenta de que no había nadie y entonces le grite al espíritu "¿Qué quieres cabrón?, Mejor dime que necesitas y deja de asustarme". Y pues ya no me dijo nada, porque a mí los fantasmas no me asustan, porque si saben ellos que les tienes miedo pues te asustan, y si yo te contará las veces que la muerte me ha querido llevar, no me creerías.

-A ver Paco, cuéntame... (Ya un poco intrigada)

-No pues, hace tiempo estaba yo acostado en mi cama y de repente empiezo a sentir cómo algo se movía en mi cama como si alguien se estuviera subiendo, me despierto y el movimiento para, y justo cuando me estaba volviendo a quedar dormido, el movimiento empieza otra vez y de repente que ya no me puedo mover, creo que a eso le llama "cuando se te sube el muerto", pero yo te prometo que era el diablo y pues yo le empecé a gritar "Déjame cabrón, a mí no me vas a llevar, ¿Qué quieres?", y pues me logre mover tantito y lo primero que hice fue aventar al diablo. Y pues ahorita lo único que hace es moverme la cama.

-No manches Paco, está cañón eso.

-Sí, y pues hace tiempo me encontré a un duende, no vez que ellos te pueden decir donde hay tesoros escondidos, pero si no te toca a ti sacar el tesoro y lo sacas, pues ¡no! te va muy mal. Hasta te puedes morir.

-Oye Paco y le preguntaste al duende ¿Dónde estaba el tesoro?

-¡No!, es que ahí si me asuste un buen, y no podía hablar y pues ya no le pude preguntar nada, pero lo más seguro es que pues no me tocaba a mí sacar el tesoro, porque dicen que ahí en donde vivo hay un gran tesoro, pero creo que no me toca a mí, entonces mejor lo dejo así.

Paco me contó su historia muy convencido, tanto que he empezado a dudar de mi capacidad de ver la magia que nos rodea. Me recordó ese lado de fantasía por el cual se caracteriza la infancia, y por alguna razón desconocida la terminamos perdiendo. Ese día recordé que:

La línea entre la fantasía y la realidad es muy delgada, lo único que tenemos que hacer es..,

¡Creer!