Golpe bajo

El poblano y el día del informe de EPN

El poblano despierta a su hora habitual, la esposa da los buenos días con el mensaje de que el dinero ya no le alcanzó el día anterior para surtir la despensa. En el centro comercial aumentaron los precios de la leche, la carne y otros productos de la canasta básica, como efecto del bajo crecimiento económico en México. Ella sale de la recámara con la solicitud de un incremento en el gasto.

Va al comedor y se encuentra que el recibo de la CFE llegó 200 pesos más caro que el bimestre anterior. Revisa otra boleta y es la del agua, la empresa Concesiones Integrales ya no le cobra bimestralmente, ahora es por mes y con un aumento de 300 % en la tarifa del líquido. Observa que en el recibo de Telmex ya le cargaron un seguro de vida que no contrató y que su institución bancaria ya le alzó los intereses del préstamo que debe.

Pasa a cargar gasolina en una estación de Pemex, se acuerda que es el noveno octavo aumento del año y ya no llena el tanque del auto.

Lleva a los niños a la escuela, ya se le hace tarde y por descuido acelera de más, ya excedió unos kilómetros la velocidad permitida, lo capta la cámara de foto multa, sospecha que la infracción será de 700 pesos.

Considera que le da tiempo hacer un trámite, pasa a la oficina gubernamental y después de dos horas y media el burócrata que lo atendió le dice que le faltó un documento y que debe regresar al día siguiente, pero es el mismo que le contestó por teléfono que no le dio la lista completa de los requisitos.

Camina por la acera y llega a su vehículo, ya no tiene los espejos del auto, los policías que están cerca le dicen que ellos no vieron nada sospechoso y que se prepare porque ya habrá parquímetros.

En el trabajo firma su recibo con más descuentos de los habituales, aparte del IVA e ISR, que le restan una sexta parte de su salario, ve que le quitaron un apoyo para tal empleado del que falleció su tatarabuela hace dos meses.

El poblano considera seriamente vender el terreno que le heredaron sus padres para enfrentar sus deudas. Acude al predio, ya no es de él, hay un letrero que dice que es “propiedad del ayuntamiento de San Andrés, conforme al proceso de expropiación”. De los casi dos millones que costaba su terreno a valor comercial, recibe una indemnización de 20 mil pesos, le argumentan que es para detonar el turismo, pero donde más adelante se instalarán franquicias gringas y hoteles de empresarios que apoyan campañas de políticos.

Por la noche llega a su casa, prende el televisor, ve el mensaje en cadena nacional de que las reformas estructurales están funcionando y que hoy los mexicanos viven mejor.