Golpe bajo

Los niños “orejas” en Tláloc

Un menor de 13 años de edad llegó un día de este año a su salón en la escuela secundaria "Luis Donaldo Colosio Murrieta" en la calle Porfirio Díaz de la localidad de San Francisco Tláloc, puso en el escritorio cinco mil pesos y le pidió a la profesora que dejara de molestar con ya no llamar a sus padres para reportar su mala conducta.

Una mujer que acudió este lunes a una asamblea en esa comunidad del municipio de San Matías Tlalancaleca, donde son constantes los enfrentamientos entre habitantes y delincuentes dedicados a robar hidrocarburos a ductos de Pemex, narró a este reportero su preocupación por no poder meter en cintura a su hijo.

La madre relató que la profesora la citó en la escuela para reportar que su hijo ya no asistía con frecuencia a clases. Ella después supo que su hijo trabaja como "oreja" o "halcón" de los delincuentes que roban gasolina.

En asambleas hechas entre adultos en los últimos cuatro meses descubrieron que sus hijos de 11 a 14 años de edad están trabajando para los criminales.

"Hay menores que vienen a orejear para conocer los acuerdos que tomamos para combatir a estas bandas, o andan en las calles con sus mochilas observando si hay presencia policiaca", dijo angustiada.

Los menores de edad ganan dinero fácil, influenciados por los delincuentes, porque el robo de la gasolina en la localidad se volvió un negociazo para las bandas. En promedio pasan de dos a tres convoyes con más de 20 camionetas todos los días.

Los menores ya no obedecen a sus padres, presumen que ganan dinero, por ahora no usan armas.

Esta realidad es lo que motivó a los habitantes a enfrentarse a los delincuentes los días 25 y 29 de mayo en la localidad, quemando y destruyendo sus camionetas, y reteniendo a dos de ellos.

Los adultos quieren acabar con las bandas de criminales, piden a gritos la intervención del Ejército. Los niños de ahora ya no quieren ir al campo, ni a la escuela.

Los adultos no quieren verlos morir, ni quieren que los adolescentes se vuelvan delincuentes, ni que copien el estereotipo de estos criminales que tanto daño hacen en los pueblos.

Tláloc es un ejemplo de la realidad en el país, donde las bandas de quienes son conocidos como "chupaductos" compran policías e impunidad. Los habitantes están dispuestos a tomar las armas para no perder a sus hijos.

tirzoivan@gmail.com