Laguna Yo Te Quiero

Nuestro llamado al compromiso

Con el debate que se ha enriquecido en los últimos días con más y diversas voces en torno al desarrollo económico de la región, la situación particular de los jóvenes en este contexto y el futuro, con sus grandes retos, que tenemos los laguneros, el colofón de muchas de estas voces gira en torno a la tan llevada y traída necesidad de descubrir o diseñar nuestra vocación como comarca.
Hablar de vocación es entender a qué estamos llamados. ¿Llamados?, ¿por quién?, ¿cómo saber cuál es la voz que debemos escuchar?, ¿lo que dicen quienes han estado aquí, los que vendrán o los que nunca han estado?, si en este punto de la historia regional y tras no pocos esfuerzos por generar estrategias de desarrollo metropolitano seguimos preguntándonos sobre cómo formular las preguntas, seguramente algo no estamos enfocando de la manera correcta.
En Laguna Yo Te Quiero  hemos resaltado el gran valor que tiene la participación ciudadana como uno de los mayores activos de la región; agradecemos, y lo haremos siempre, la confianza que más de 40 mil laguneros tuvieron en nuestra convocatoria para salir a las calles de aquel 12 de octubre; pareciera que el “boom” de la sociedad civil lagunera es una brillante medalla que podemos y debemos ostentar con orgullo. Y lo es. Sin embargo, ahora que nos enfrentamos a la planeación de nuestro segundo gran proyecto de impacto regional hemos comenzado por voltear la mirada y encontrar los aciertos, los errores, los vacíos o los rebases de nuestra primera experiencia y, sin duda alguna, nos genera una gran preocupación llegar a definir la frontera entre lo que hoy definimos como la participación ciudadana de ocasión y el compromiso ciudadano.
En este y otros espacios se ha hablado del rico surgimiento de movimientos ciudadanos que buscan mejorar las condiciones de vida en La Laguna a partir de acciones concretas: rescate de espacios, movilidad sustentable, centro histórico, etc., pero hoy nos preguntamos qué nos está faltando a quienes convocamos, y sobre todo a quienes se suman a estas convocatorias, para que esta participación deje de ser sólo un acto efímero de amor y pertenencia por nuestra tierra, para ser una penetración directa con su vida y sustentabilidad. ¿Cuántos ciclistas de las rodadas semanales conciben su vida diaria bajo un nuevo modelo de movilidad urbana?, ¿cuántos paseantes de Moreleando regresan a esta avenida, compran, pasean o viven en ella el resto del mes?, ¿cuántos de los que limpiamos la región en octubre somos ejemplo en el manejo de nuestra basura o desechos en el día a día?
Hay quienes creemos que el gran activo de la región que debiera dar luz en torno de las preguntas sobre la definición  de nuestro rumbo es su gente, el talento y participación de ésta; sin embargo, aún este activo puede devaluarse si no encontramos pronto la forma de aquilatar la movilización ciudadana en forma de compromiso cívico. ¿Qué nos está faltando?, es una pregunta cuyas respuestas podrían ayudar a despejar el camino del largo plazo para quienes deseamos permanecer en esta tierra.


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