Laguna Yo Te Quiero

Participar, ¿dónde, cuándo y para qué?

En un momento donde la acción colectiva cobra fuerza en la región, resulta importante cuestionar el entendimiento que los propios ciudadanos hacen de su rol dentro de la construcción y fortalecimiento de nuestra democracia. Muchas de las muestras de movilización ciudadana responden a un modelo ilustrado de la acción política con una división de actores entre “ellos” (los políticos) y “nosotros” (los ciudadanos) donde, en el mejor de los casos, nosotros los vigilamos, les proponemos o les exigimos. A este modelo corresponden muchas asociaciones que, con diversos intereses o ejes de acción, se enfrentan a la autoridad incluso enarbolando la bandera de ser un “contrapeso”.
Si bien esta acción contribuye a ampliar las oportunidades de acceso a información y cierta incidencia en el diseño de políticas públicas, amplía la brecha entre las responsabilidades de unos y otros, contribuyendo, de forma preocupante, al debilitamiento del sentido de lo público y lo colectivo.
Mientras “ellos” se hacen cargo y “nosotros” los ayudamos, nunca terminamos por ser “todos” en torno a lo “nuestro”. Así, el quehacer ciudadano se desapropia de lo público al verlo como una acción del otro en la cual, “si soy responsable y buen ciudadano”, me sumo de alguna forma, apoyo y aporto, pero nunca me apropio.
En este sentido, el problema en torno al entendimiento de la colectividad y lo público, genera acciones que terminan por fortalecer la división que, por la naturaleza de los pesos en la balanza, siempre beneficia a quien ostenta el poder y la autoridad.
Hoy, la sociedad civil debe mostrar voluntad de ser el origen del todo que es de todos y los pilares de la acción colectiva. Finalmente, es sólo la participación ciudadana la que puede hacer funcionar una democracia y si bien mucho se ha debatido sobre en qué temas y en qué intensidad debe darse ésta, la realidad actual nos muestra que el cuestionamiento debe girar el enfoque hacia el interior de los procesos colectivos.
Cada día es más claro cómo hacer que el ciudadano se involucre en la vida democrática de su ciudad y aunque se sigue trabajando día a día en fortalecer los mecanismos y atraer a cada vez más ciudadanos a los movimientos formales, lo cierto es que hoy ya no basta con preguntarse ¿cómo hacer que la gente participe? Si no, ¿cómo generar un sentido de ciudadanía y compromiso democrático que trascienda a las organizaciones y llegue a las familias, los barrios y las formas más líquidas de colectividad? Finalmente se trata de generar ciudadanos de tiempo completo, no sólo de jornadas especiales.


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