Laguna Yo Te Quiero

Hablando de jóvenes laguneros

Esta semana ha subido no sólo a los debates editoriales o políticos, sino a las sobremesas familiares o cafeterías una discusión sobre el futuro cercano de la región: el desempleo y las luces que éste arroja para entender parte del pasado pero, sobre todo, para delinear parte del futuro de nuestra tierra.
De entre los datos que muestran la desventaja en que se encuentra La Laguna respecto, por ejemplo, a las capitales de los respectivos estados o de otras zonas conurbadas del país en situaciones de crecimiento similar, nos llama poderosamente la atención la condición especial de los jóvenes y la realidad a la que se están enfrentando al intentar echar raíces en ésta, su tierra.
Vemos con alarma que los cerca de cinco mil empleos que se puedan generar, por ejemplo, en Torreón durante 2013, no sean capaces de absorber a los miles de egresados de las más de cincuenta instituciones que están ofreciendo estudios de nivel superior, o que esta oferta esté abaratando los salarios profesionales de quienes invierten en procesos educativos cada vez más caros.
Ante este panorama, no es difícil entender que se estén generando visiones que expliquen el deseo de emigración de los jóvenes, la alta participación de estos en actos delictivos o el mínimo nivel de emprendimiento en la región. Sin embargo, en Laguna Yo Te Quiero vemos otra realidad que debería plantearnos si hablar de jóvenes laguneros implica hablar de ceros absolutos: la gran mayoría de quienes se han sumado a la ola de movimientos sociales de recuperación y cohesión social son jóvenes. La jornada del 12 de octubre vio a miles de niños y jóvenes llevando a sus amigos y familias a limpiar su región, nuestra asociación es producto de la iniciativa de jóvenes.
¿Qué hacer entonces con una población juvenil ansiosa de participar, de generar y de proponer en el ámbito social, pero en condiciones económicas que no le permiten diseñar un plan de vida esperanzador en su tierra? Los liderazgos juveniles están ahí, en los movimientos sociales organizados y en los barrios, en las universidades y en los torneos deportivos populares, en forma de liderazgos “líquidos”, bajo conceptos más de colectivos, que de asociaciones en muchos casos, pero todos dispuestos a generar acciones de cambio. Debe preocuparnos entonces no sólo generar las condiciones que permitan que estos jóvenes se asienten en nuestra región –que sería lo mínimo esperable para lograr la cohesión comunitaria necesaria-, sino generar los mecanismos de aprovechamiento social y público de los talentos, del compromiso y de la acción. Quien guía los destinos de una comunidad no sólo debe escuchar e incluir a los liderazgos sociales - condiciones mínimas para aspirar a vivir en un entorno democrático-sino que debe garantizar el máximo aprovechamiento de los talentos que fluyen en las relaciones sociales en beneficio de todos. Por ello, el asunto del desempleo del que hoy hablamos no sólo nos preocupa en términos económicos, sino en miras de construir un entorno donde los mejores se queden, propongan y construyan como hasta ahora intentamos hacerlo.


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