Espíritu empresarial

Pasó el día del San Marketing

Pasó el día del amor y la amistad, celebridad que está con la humanidad desde tiempos del Medievo; hay varias versiones de quién fue San Valentín, pero como sociedad adoptamos dicho festejo para demostrar nuestro afecto, estima y hermoso cariño.

Como algunas cosas en la vida, se ha llegado a exagerar el aspecto comercial de determinados festejos, por lo que el sector económico está ávido por que llegue determinada fecha o evento para promover sus bienes y servicios. 

Durante el año, los negocios atentos y vivillos publicitan descuentos: dos productos por la compra de uno, acumulación de puntos o “dinero electrónico” (que por cierto solo lo avala la empresa que lo emite) en determinada venta y demás etcéteras.

El 14 de febrero veíamos a la gente cargar globos, dulces, muñecos, regalos y demás productos que a sentir de los consumidores, mientras más voluminoso e innovador que sea, significaba que más “amor o cariño” se siente por dicha persona.

Hubo servicios que cobraban de más en la entrega de flores, obsequios y demás artilugios reflejando hasta cierto punto que “el amor no tiene precio”.

El hecho de que se titule este artículo “San Marketing” es por ese espíritu mercenario y materialista en que se pueden caer por ciertas empresas y eventos (ya viene el Mundial de Futbol), donde lo que importa es el consumismo en masa; y eso ¿está mal?Definitivamente NO, ya que como decía Adam Smith, en la economía surgen dos fuerzas que se complementan: Oferta y demanda, y si no hubiera una la otra no puede operar; se puede criticar el hecho de que la calidad de los productos a lo mejor no es la ideal, y de ahí que el precio es bajo...

pero satisface un mercado en tiempo, calidad y precio.

También hubo consumidores no tan enganchados con la mercadotecnia del día del amor y prefirieron ser más genuinos en demostrar su “cariño verdad” al ser amado. 

En conclusión, la empresa llega hasta donde el cliente quiere, porque el negocio lo puede inundar a usted de publicidad y ofertas para comprar, pero al final el cliente es quien decide si escucha el canto de las sirenas y se vuelve un autómata consumidor.

Si hay mutua satisfacción de la empresa y el cliente en la compra venta, existe una relación sana y madura, símbolo esto sí de un amor verdadero.