De medios y otros demonios

El reverso del despido de “El Piojo”

Sea periodista o no, agredir físicamente a una persona por diferir en un punto de vista u opinar algo, jamás tendrá justificación y por eso lo que ocurrió al técnico de la selección de futbol, Miguel Herrera, fue apenas correcto; no obstante, en este asunto queda un pendiente: la revisión de aquello que detonó la agresión.

Es común que los medios abran espacios a quienes logran divertir a las audiencias, se trata de brindar entretenimiento, más allá de cumplir con una labor netamente informativa.

Esa forma de actuar ha detonado que los comentaristas deportivos sean cada vez menos responsables en sus expresiones, que se dediquen a generar ocurrencias sin sentido, poniendo apodos y gritando absurdos a diestra y siniestra.

Son las pequeñas pero muy importantes diferencias entre los periodistas deportivos, los cronistas y los comentaristas de deportes. Todos ellos deben tener una preparación profesional en el manejo de la información pero a veces esta se omite con los comentaristas.

Escudados en la libertad de expresión y en el poder del micrófono, algunos comentaristas se exceden en sus observaciones, llegando a insultar por denuesto a los deportistas sin considerar lo que eso puede representar en términos de impacto social.

Aunque a algunas personas les pese reconocerlo, la libertad de expresión tiene límites y estos deben respetarse y hacerse respetar en aras de la sana convivencia social pero también del ejercicio profesional y responsable del periodismo deportivo.

Pareciera que los comentaristas no entienden (o si lo entienden poco les importa) el impacto que puede tener en los aficionados una crítica exagerada sobre lo que los deportistas están haciendo, muchas veces sin saber lo que implica estar ahí.

Esa situación ha pasado y se ha hecho notar por quienes alguna vez pisaron las canchas o las pistas y salen a corregir los absurdos que los comentaristas llegan a proferir en su afán de ser "populares" (en Tv Azteca es común que Luis García y Jorge Campos hagan notar a Christian Martinolli que no es lo mismo ver desde la grada que tener que decidir en la chancha).

Es total y absolutamente condenable la agresión a cualquiera que, con conocimiento o en pleno abuso de su ignorancia, emita una opinión sobre el tema que sea pero, cuando se trata de una cuestión de medios, también debemos ser un poco más exigentes con aquellos que abusan del micrófono.

Para quienes trabajan en los medios son tan peligrosos los que agreden a quien opina como aquellos que desacreditan el verdadero papel de un trabajo noble, honesto y de gran relevancia para la sociedad como es el informar y orientar en temas que pueden ser de interés social.