De medios y otros demonios

El principio perdido

D hechos nos tomaron por sorpresa a inicio de 2015, aislados uno del otro. La muerte de Julio Scherer García y el ataque a las oficinas de la revista Charlie Hebdo nos obligan a la reflexión sobre el periodismo moderno y su papel en el quehacer social.

Sobre Scherer mucho se ha escrito a partir de su muerte y antes también. Más allá del mito creado en su entorno, de las aportaciones hechas al periodismo la más relevante es el ejemplo de lo que un periodista debe hacer cuando el gobierno trata de esconder o tergiversar hechos.

En sus libros y en sus acciones, dejó claro que no se trata de una pugna por imponer un punto de vista contrario al gubernamental sino de presentar todas las ideas posibles, aun si no se está a favor de ellas o si la perspectiva personal es contraria.

En público y en privado Scherer hacía saber que podría no estar de acuerdo con los puntos de vista que publicaba en Excelsior y después en Proceso, pero siempre pugnaría para presentarlos a los lectores quienes serían los encargados de tomar la última decisión.

En una época en la que aplaudir al gobernante era la norma para continuar en el ejercicio periodístico, supo plantarle cara al poder y erigirse como un respiro de veracidad en un entorno repleto de verdades a medias contadas en notas simples, crónicas vacías y reportajes insulsos.

En el otro extremo del mundo, islamitas radicales asesinaron a 12 personas que trabajaban en la revista Charlie Hebdo que hacía mofa constante de la imagen principal de esta religión.

En definitiva ninguna respuesta violenta puede ni debe ser aplaudida por justificada que se pretenda. El medio víctima de la agresión es conocido por sus insultantes caricaturas que no son otra cosa más que la expresión de opiniones y como tal deben ser consideradas.

Los puntos de vista diferentes son la esencia de las democracias, por ello las manifestaciones en contra de los ataques y del fundamentalismo en el que se sustentan son evidencia de lo que una sociedad comprende sobre la libertad de expresión.

Aunque las comparaciones sean odiosas, nos permite entender mejor el mundo y lo que vemos en Francia es algo que nunca hemos visto en nuestro país pese a la cantidad de ataques a reporteros y medios.

A pesar del ejemplo de Julio Scherer, en los hechos, el periodismo mexicano no ha avanzado mucho respecto a su realidad de 1976; la respuesta de la sociedad francesa no es a favor o en contra del punto de vista del medio sino en defensa del derecho que tiene a decirlo.

Ahí radica el vínculo: se puede no estar de acuerdo en un punto de vista pero siempre debe ser posible expresarlo; era el principio de Scherer, es el principio perdido del periodismo mexicano.