De medios y otros demonios

El poder irresponsable de las redes

Uno de los presidentes que más ha marcado la filosofía estadounidense fue Franklin D. Roosevelt, en su último discurso a la nación, en el ocaso de la Segunda Guerra Mundial dijo: "Hoy hemos aprendido, en la agonía de la guerra, que un gran poder conlleva una gran responsabilidad [...] Nosotros, como estadounidenses, no elegimos negar nuestra responsabilidad".

La frase dejó una huella profunda en el creador de la gran mayoría de los personajes de Marvel, Stan Lee, quien incluso la usó en lo que se convertiría en uno de los momentos más icónicos, cuando El Tío Ben le dice a Peter Parker "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad".

Estas siete palabras adquieren nueva fuerza en las redes sociales virtuales, no por la nostalgia que cualquiera de las dos referencias previas pueda atribuirles, sino por el poder que los mensajes en este espacio adquieren.

Si algo han demostrado las redes en poco más de 10 años de existencia es que no se necesita ser un personaje famoso o incluso popular para crear un mensaje lo suficientemente interesante para expresar una idea.

El que cualquier persona con casi cualquier idea pueda adquirir el poder de generar algún tipo de influencia en la vida social, ya sea lúdica, política, académica o de otra clase implica también una gran responsabilidad que, contrario al discurso de Roosevelt o la filosofía del Tío Ben, no todos están dispuestos a asumir.

El impacto de un mensaje en las redes sociales puede ser poderoso o inocuo, puede accionar movimientos sociales o iniciar cambios que se vean reflejados en las leyes locales o nacionales.

El asunto se vuelve más complejo si consideramos que los mensajes que encontramos en las redes sociales virtuales están cargados de las intenciones y deseos de los usuarios.

Situaciones como el de las dos mujeres desaparecidas en Metepec son juzgadas por la gente que ya ha dictado sentencia de un caso que ni siquiera las autoridades tienen claro.

Si el caso ocurrió como las evidencias marcan, es muy difícil tipificar delitos y por ello es que las autoridades deben ser muy cuidadosas en su actuar; al mismo tiempo los medios deben evitar caer en la tentación de informar sin pruebas y solo siguiendo los designios de las redes.

El gran poder de las redes llevó a encontrar a dos mujeres que, de otra manera quizás no habrían sido siquiera buscadas, obligando a las autoridades a actuar en una situación en la que posiblemente no lo harían.

Sin embargo, el riesgo es que por dar los resultados que las redes esperan, las autoridades han llegado a armar casos ficticios que después se diluyen en los juzgados y, mientras, inocentes pasan varios días en prisión sin que nadie se responsabilice de ello; un gran poder sin ninguna responsabilidad.