De medios y otros demonios

El periodista bueno y el malo

Una de las reglas básicas del periodismo es la búsqueda de la objetividad que, complementando este precepto con imparcialidad, pretende hacer que los medios y sus reporteros no influyan en las decisiones de la gente.

Esas dos reglas en particular, además de otras en general, no solo buscan que el periodismo mantenga su función social de informar a la gente sobre los temas de mayor relevancia informativa, también generan que quienes trabajan en empresas informativas asuman un papel de cierta superioridad... o al menos eso demuestran.

No es extraño encontrarse con que los reporteros, o quienes trabajan en las áreas de noticias, actúen como si tuviera poderes especiales, como si tuvieran la posibilidad de determinar lo que está bien y lo que está mal y el derecho a juzgar libremente ese estatus.

Lo curioso del caso es que siempre que alguno de estos reporteros, periodistas u opinares emite un juicio, es tratando de posicionar una imagen humildad que le permita realizar su enjuiciamiento y presentarlo como si se tratara de un hecho completamente ajeno a un mero punto de vista.

Como resultado, la gente que sigue a estos medios o a estos periodistas se queda con la percepción de que está recibiendo información que le ayuda a tomar decisiones sobre lo que pasa en su entorno sin darse cuenta de que, muchas veces, esa información está siendo filtrada o tergiversada intencionalmente con objetivos poco claros.

Por su forma, este tipo de "reportes" se encuentran más cercanos a lo que corresponde a la propaganda que al periodismo y confunden a la ciudadanía a través de una falsa imagen que ellos mismos han construido en la que todo aquel que critica al gobierno debe ser visto como buen periodista y aquel que no lo hace es malo.

El periodismo, en su esencia, se trata de honestidad a prueba de todo, tanto en la búsqueda de información como en la presentación de ésta llevando a la gente hechos de la sociedad en la que vive y se desenvuelve.

Un medio informativo que hace propaganda en contra (llámese de gobierno, personajes o políticos) incurre en el mismo error que uno que lo hace para favorecerlo. En términos estrictamente periodísticos ambos están en el mismo nivel al incurrir en las mismas prácticas.

Los medios son víctimas de la polarización social en la que vivimos y cada vez más nos encontramos con aquellos que, en aras de aparentar una buena práctica periodística, se vuelven propagandistas diciendo ser críticos de las instancias oficiales pero exigiendo igualdad para que el gobierno les compre espacios publicitarios. La honestidad, que extravían los vuelve aquellos que dicen detestar... O al menos eso dicen.